miércoles, 25 de marzo de 2020

Amar en Cuarentena


Son muchos los días extraños que este encierro está provocando, son muchos los ratos de vacío y nostalgia que me asaltan por la imposibilidad de poder ver o tocar a quienes hacen que mi camino se llene de prados verdes, días soleados y arcoíris. Demasiado tiempo pensando en decisiones ya tomadas y ejecutadas, y demasiado planeando lo que vendrá después. Pero lo que más me desconsuela es ver cómo no soy la única que sufre, si no que esos que han solado mi camino de baldosas amarillas, allanando con esmero la ruta en la medida de sus posibilidades, aunque no lo verbalicen a menudo, también extrañan el contacto, esos abrazos de más de siete segundos capaces de curar las enfermedades del alma, las heridas del tiempo y restablecer el equilibrio moral.

A veces, uno de esos seres divinos también tiene un día de mierda, y en vez de enfadarse con el mundo, proferir infinitas quejas por lo asqueroso de la situación que le ha tocado vivir, porque no se merece la angustia por la que está obligado a transitar; simplemente pide que le cuentes un cuento antes de dormir, para poder relajarse con una sensación más agradable que la que la vida real le ofrece. Entonces, a pesar de no haber aprendido nunca narrativa, reúnes un poco de valor e imaginación, tomas una antigua anécdota y creas alrededor de ella toda una escena costumbrista que tranquilice el pánico de no volver a ser quienes fuimos...




<< Era un día de invierno bastante soleado, a pocos días de terminar el año. Acababa de romper todas mis limitaciones morales autoimpuestas en temas de relaciones. Estaba nerviosa y sentía una mezcla de confusión y clarividencia; que a ratos me provocaba una euforia desorbitada, y a ratos me sumía en un profundo "enmimismamiento", dejando parlamentar a todas esas vocecillas que han dirigido mis pasos a lo largo de toda mi vida, y que por una vez estaban de acuerdo en criticar duramente mi decisión de incumplir mis propias normas. 

Por una vez, me sentía completamente decidida a saltar al vacío, sin tener ni idea de lo que había al fondo del abismo; pero no podía dejar pasar la oportunidad de sentirme viva, aunque un poco inconsciente. Necesitaba sentir y disfrutar todo lo que me estaba pasando, aunque mis decisiones supusieran desmontar completamente el modelo ideal por el que había pasado media vida trabajando.

Para aliviar, un poco, el torrente de: emociones, pensamientos, cálculos de consecuencias, listas de pros y contras; que se venían sucediendo desde hacía un par de días en mi cabeza, decidí desempolvar los trastos de ciclismo e irme a rodar un poco por la casa de campo. Subir El Garabitas siempre me ha proporcionado una sensación de placer y desconexión comparable con largas rutas por La Sierra, aunque eso sí, mucho más corto y asequible. No estoy segura de si tal vez huía de las voces, o buscaba algo de aire puro que se llevara un poco la angustia por la sensación de traición que me acechaba.

La ruta transcurrió sin demasiados sobresaltos, aunque subir a media mañana por el carril del río es una tarea bastante complicada. Como no llevaba especial necesidad de hacer marca, simplemente me dejé llevar con una cadencia suave, que me condujera hasta mi zona de entrenamiento sin riesgos extraordinarios por la inconsciencia de viandantes.

A pesar de no tener intención de hacer un trabajo excesivo, la ruta me dejó considerablemente fatigada, gracias a lo cual mis vocecillas se adormilaron durante el resto del día. Después de comer, mi cuerpo pedía a voces una regeneración, y me dejé vencer por el sopor, a pesar de saber que disfrutaría de la visita de la razón de todas mis “nuevas” tribulaciones a no mucho tardar. Cuando quise darme cuenta, ya estaba allí esperándome, sin un previo aviso que yo hubiera procesado correctamente. Me incorporé, me vestí rápidamente, y me despedí con un simple -hasta luego- del resto de habitantes de mi hogar.

Volvía a estar al borde de la histeria. Mi corazón parecía una “mascletá” de San José, desbocado, absolutamente incontrolable, ni siquiera con algunas respiraciones profundas, ejecutadas en el ascensor mientras bajaba al encuentro de la razón de mi absoluta enajenación, pude calmar el ansia y excitación por un nuevo encuentro. No lograba concebir (aún lo ignoro, pero estoy aprendiendo a dejar de buscar respuestas a lo que no atiende a razones lógicas del entendimiento) cómo una persona tan especial y maravillosa como aquella había decidido que merecía la pena perder el tiempo con alguien como yo.

Allí estaba, aparcada, donde se había convertido en habitual encontrarnos o despedirnos. Dibujé la mejor de las sonrisas despreocupadas que pude en mi cara y saludé tranquilamente. A pesar de que las pocas voces que me apoyaban en toda aquella locura, insistieran en que la abordara enérgicamente, tomé una nueva y profunda bocanada de aire, antes de entrar en el coche, intentando sosegar la excitación. Saludo tierno, intercambio cortés de información superflua y nos pusimos en marcha.

Yo le había informado de que no era mi mejor día, estaba físicamente agotada, me pesaban las piernas por el esfuerzo matutino, además de llevar algunas noches seguidas de poco descanso. Sin embargo, ella tenía un plan para recargar mi batería. Sin más, me dejé llevar… Mientras conducía, no podía dejar de mirarla, seguramente con cara de extraordinaria fascinación. Me invadía la incredulidad: ¿Cómo un ser, tan bonito y luminoso, había podido reparar en mí?, ¿por qué había sido yo destinataria de tan maravillosa fortuna?, ¿qué puedo tener yo para ofrecer a alguien que ha vivido casi todo y en todas partes?... Entre miradas fugaces, sonrisas y conversaciones ligeras llegamos al destino, su piso de estudiante.

Una vez dentro del apartamento, dejé mi abrigo sobre la butaca con orejeras de la entrada, y tomándome de la mano, me dirigió a la que había sido su habitación durante sus años de facultad. Me pidió que me acostara sobre la cama, me relajara y me dejara ir donde mi subconsciente quisiera llevarme. (Me vuelve loca esa mezcla de ciencia y misticismo que emana cuando se trata de asuntos de tratamiento del cuerpo y mente.) Se colocó sentada, frente a mi cuerpo completamente estirado, se asió a mis tobillos e hizo su magia… No sé cuánto tiempo pasamos en aquella situación, reconozco que yo caí en más de una ocasión en cierto estado de duermevela. La sensación de tranquilidad, sosiego y bienestar eran indescriptibles, parecido a lo que nos han contado del Cielo, Paraíso, Valhala y todas esas estancias teológicas imaginarias a las que el ser humano ha aspirado llegar después del tránsito por esta tierra.

Admito que no tengo una idea clara de lo que pasó aquella tarde salvo algunas pinceladas anecdóticas, sin embargo, la recuerdo con cierta ternura.

Ella había pensado que después de ese “breve” receso, tal vez saliéramos a tomar algo, pasear por la ciudad, cenar… No contó con la necesidad de interacción física que me venía provocando. Una vez terminado el “tratamiento” la atraje hacia mi y la besé, nos dejamos caer abrazadas unos minutos. He de reconocer, que a pesar de defender fervientemente que lo que se ve con los ojos se pierde con el tiempo, no puedo dejar de mirarla cuando la tengo cerca: cómo frunce el ceño cuando se concentra o alguna idea inesperada asalta su mente, cómo se deja vencer y cierra los ojos apoyada en mi hombro mientras su respiración se relaja, cómo sus ojos cabalgan dibujando un triángulo entre los míos y mi boca diciéndome que espera una reacción por mi parte… Me parece la criatura más bella que jamás he visto y me mira con los ojos más tiernos y amorosos que se pueden tener.

Más besos y mimos se sucedieron durante un rato, hasta que de repente se incorporó enérgicamente y profirió un súbito: -¡¡A LA MIERDA!!- Me dejó tan sorprendida como asustada, aún estaba aprendiendo a tratarla y no esperaba una reacción tan efusiva de su parte. Hasta entonces me había parecido una persona sumamente tranquila y controlada en estos menesteres. La sensación de haber hecho algo mal, de haberla molestado o incomodado se apoderó de mi y el pánico me invadió por completo. Apenas fueron unos segundos, pero me parecieron una eternidad. Al ver mi cara se echó a reír y con un: “ahora lo verás”, se despojó de su camiseta y me desembarazó de mi polo… -Que digo yo, que, si nos vamos a quedar un rato aquí, así mejor…- decía mientras tiraba enérgicamente de mis pantalones. Ni que decir tiene que no tardé en ayudarle con los suyos…

Nos exploramos, amamos y reconocimos con tanto cuidado y pasión como dos adolescentes novatas experimentando su primer amor. Caricias que recorrían gran parte del cuerpo y se dejaban sentir en lo más profundo de las entrañas, besos tan duros y urgentes que te sumen en la catarsis emocional, abrazos cerrados, contacto directo entre los cuerpos. Su ardor estimulando cada mínima sección de mi piel, duras inmersiones en la curva entre su cuello y su hombro buscando inhalar su dulce y delicado aroma, suaves mordiscos en los trapecios y hombros, mientras mi cuerpo convulsionaba incontrolable, efecto de un profundo placer que agitaba y estremecía cada uno de mis sentidos, seguido de la extraordinaria liberación tras el cenit de las sensaciones. 

Se dejó caer sobre mí unos instantes. Me encanta sentir su cálida piel húmeda contra la mía, su peso ligero sobre mi y su momentáneo calor equilibrado con mi temperatura habitual. Resbaló hasta acurrucarse a mi lado y con un suave beso en la frente y un: -descansa- encerrado en un susurro volvió a acurrucarse sobre mi hombro…

Así nos sorprendió la noche, mucho más avanzada de lo que habíamos pensado y nuestros estómagos se quejaban sonoramente. Decidimos intentar salir a buscar algún escondrijo donde aún nos sirvieran algo, aunque no encontramos más que una cervecería. Un par de pintas con frutos secos después, maridando una alegre charla con la que seguir conociéndonos, llegó la hora (algo indecente) de decidir volver a casa. 

Ese momento temido de la separación, la despedida aderezada por la incertidumbre de si habrá una próxima vez. Aún nos ocurre que, en los momentos previos a la inminente separación, de repente, la conversación se vuelve monosilábica, nuestro talante se torna compungido y nuestras manos se asen con más fuerza. Como si así, deseándolo con mucha fuerza y a la vez, se pudiera evitar el regreso a una realidad, que había quedado relegada a un segundo plano durante la fantástica velada. 

Me devolvió a mi barrio y tal como había venido se fue, dejando tras de sí una estela fugaz y una momentánea sensación de ausencia, pero la certeza de que se estaba fraguando, a fuego no tan lento, una preciosa historia de amor, confianza y respeto. >>



Cuando después de hacer entrega del cuento (por capítulos, debido al sin fin de interrupciones y solicitudes de comunicación extraordinarias, en estos días inciertos), sientes, aunque no lo veas, cómo ese ser de luz ha vuelto a dibujar una preciosa sonrisa en su rostro, relajado su ceño. Te permites pensar que en algún momento, mientras leía, ha soltado alguna carcajada o abierta sonrisa mostrando esa colección de magníficos marfiles de su boca. Entonces te das cuenta que tal vez tú también necesitabas ese cuento antes de dormir. 

No sabemos cuándo acabará esta locura, no conocemos las consecuencias que nos acarreará este encierro, no sabemos cómo, ni quién acabará severamente afectado. Pero podemos intentar mantener vivos los buenos sentimientos. Podemos volcarnos en las buenas sensaciones para poder sobrellevar mejor todo el miedo e incertidumbre que despierta este estado excepcional.

viernes, 28 de febrero de 2020

Mediadores crustáceos decápodos lunáticos

Sigo estupefacta y conmocionada a la par que maravillada y encantada.

A riesgo de resultar repetitiva y cansina, no puedo dejar de decir una vez más lo feliz que me hace sentirte tan cerca y en sintonía. La alegría que me invade cada vez que me permites navegar por esos ojos castaños, que callan tanto como cuentan, a quien se tome un instante para perderse en ellos. El placer sosegado de disfrutar de tu tacto, buscando siempre cualquier mínima porción de mi piel. La tranquilidad que me inspira sumergirme entre tus brazos, buscando el tamborileo de tu corazón. La sorpresa al notar la estupenda capacidad que tienes para adaptarte a mi postura y enredarte en mis piernas, cada vez que nos permitimos recostarnos. La diversión y orgullo de poder resolver tus dudas de juego. La confianza que me suscita escucharte compartir todo lo que te afecta y enoja.

Nunca he creído en la fortuna, creo que cada uno hace posible que las cosas sucedan. Sin embargo no puedo evitar pensar en la casualidad de encontrarte en mi camino.

Me gustas, pero lo que más disfruto es cómo me siento y quién soy caminando a tu lado. Me asombro a mi misma sintiendo una seguridad desconocida, de repente no busco ni espero aprobación, tampoco es algo que me preocupara en exceso, pero siempre he sentido la necesidad de encajar y adaptarme para hacerlo. Pero ahora todo eso me parece innecesario y fatuo, incluso hipócrita.

Hace apenas 100 días que te conozco y mi sensación es como si hubieras estado siempre, como si conocieras perfectamente cada paso que he dado, cada resbalón y cada tropiezo. Siento que no puedo mentir ni ocultar nada sin que te percates, además no quiero. Alguna vez te he dicho que te siento hogar, con todo lo que ello conlleva. 

Últimamente he recordado una "antigua" novela con la que aprendí a entender las relaciones interpersonales. La saga se llama Hijos de la Tierra, y cayó en mis manos en un momento incierto de mi primera juventud. No puedo evitar comparar "esto nuestro" con algunos de los pasajes de 《Jondalar y Ayla》. No siempre es todo perfecto, yo soy un magnífico caos, y muchas veces me surgen dudas, al fin y al cabo no estoy acostumbrada a que nadie me busque, siempre me he tenido que ganar los afectos a base de esfuerzo, paciencia y dedicación. Pero desde que te cruzaste y te hiciste ver, todo lo aprendido me parece ridículo e inútil, tú haces que todo sea sencillo, natural, cómodo...

En 2 meses hemos logrado (para mí) un nivel de compenetración y confianza que jamás había alcanzado con nadie y que con los que podría intentar comparar, he necesitado varios lustros. Y no, no espero que sientas lo que yo, ni parecido; pero sé (a pesar de los momentos de dudas y paranoias) que también te pasan cosas, que de alguna forma que no entiendo y se escapa a mi control, has encontrado cierta seguridad y confianza en mí, que me llena de satisfacción y orgullo.

Te amo, desde el primer instante que reparé en tu existencia. Lo supe la primera vez que te vi fuera de nuestro círculo común, en cuanto tus ojos se clavaron en mi, y no fui capaz de mantener la mirada. Cuando cualquier mínimo roce provocaba un fuerte escalofrío que recorría mi anatomía desde el centro hasta cada extremidad, dejando a su paso todos los vellos de mi cuerpo erizados.

Recuerdo con ternura y cierto entusiasmo algunos instantes del principio. Cómo, a base de infinitas conversaciones distendidas y sin intención, se iban cuajando a fuego lento las sensaciones más profundas y los deseos más ocultos. Cómo, de repente, dejaba de verte como una compañera más, para sentir la necesidad de tenerte cerca y no sólo en el terreno de juego. Cómo empecé a esquivar tus ojos por miedo a que los míos no supieran guardar todos los secretos que albergaban. Recuerdo la incontrolable y violenta reacción de mi cuerpo cada vez que entrábamos en discreto contacto. El cosquilleo en la nuca cada vez que te ofrecía el brazo para asirte. El histérico golpeteo de un corazón desbocado cada vez que asumía que te iba a volver a ver (que aún hoy no puedo dominar).

No tengo ni idea de dónde lleva este camino que hemos decidido tomar, no sé qué metas hay que alcanzar, y por una vez no me importa en absoluto. Pero tengo claro que la verdadera recompensa es recorrerlo contigo.

Por todo eso, y mucho más que no sé dibujar con palabras, te agradezco cada instante de estos últimos 62 días. Cada insinuación de los 38 días anteriores, cada comentario inocente, cada gesto discreto, cada momento paciente. Te agradezco que no te escondieras, que no me evadieras y me privaras de la maravillosa oportunidad de conocerte. Agradezco la sinceridad y claridad con la que te has enfrentado siempre a mi. 

miércoles, 22 de enero de 2020

Los inescrutables caminos

La vida tiene sorpresas maravillosas reservadas para quienes son suficientemente valientes como para atreverse a acogerlas, vivirlas y disfrutarlas. 

Aún no hace un mes desde que permití que mis pasiones vencieran, una vez más, a mis códigos conscientes; y no recuerdo haberme sentido nunca tan liberada, tan realizada y tan feliz. 
La experiencia me obliga a pensar que es una situación pasajera; que tal como llegó a mi vida, antes o después, se fugará. Pero antes de que se esfume, pienso disfrutar cada instante de este regalo como si fuera el último. Experiencias pasadas, también me enseñaron que las oportunidades no se presentan infinitamente, así pues, hay que atraparlas al vuelo y disfrutarlas mientras sea posible.

Desde que llegó, despertó en mi una incontrolable curiosidad, dejando pequeñas pistas de su cotidianidad y de su perfil, todo envuelto en un halo de ligero misterio que consiguió captar mi atención. Los días pasaban ligeros, los minutos, fugaces tras los entrenamientos, intentábamos llenarlos de teoría, leyes, táctica, dinámica de juego... pero de alguna manera también se llenaban de miradas cómplices, de comentarios inofensivos cargados de intención y de una familiar sensación de confianza que nunca había sentido con desconocidos...

Antes de poder asimilar lo que estaba ocurriendo, mi instinto se encargó de sacudirme y abofetearme varias veces para hacerme despertar del asombro en el que me había anclado. Apenas hacía un mes que había aparecido en mi camino, pero me pasaban cosas tan fuertes que no podía ignorarlas. Intenté apartar esos instintos dejando espacio suficiente sin que resultara excesivamente llamativo, pero realmente no quería alejarme. Esperaba atenta cada tarde sus mensajes con dudas de juego, de reglamento, de equipamiento... aguantaba cada noche hasta entrada la madrugada hablando de rugby y de la vida. 
De repente me descubrí contándole a alguien que no conocía de nada todo lo que me duele, lo que me asusta, lo que añoro... Le había presentado casi todos mis fantasmas a "Nadie". En apenas veinticinco días había conseguido desarmarme por completo, sin querer, sin intención, sin pretensiones...

Cuando algo así le pasa a alguien como yo, no puedes ignorarlo y seguir viviendo. Por muy joviales y divertidos que nos mostremos, no es más que la máscara de payaso tras la que escondemos el dolor de las heridas infectadas que nunca cicatrizan, de los quistes que no terminan nunca de reventar, y de las cicatrices que nos atormentan a diario recordándonos los errores del camino. Sin embargo, por una vez, había vomitado todo el dolor sin que nadie se interesara, simplemente lo dejé salir sin pensar en si el interlocutor estaba interesado o era digno de conocer mis debilidades. Simplemente fluyó... y me dejé fluir.

Las normas aceptadas me habían convencido de que hay que constreñirse para encajar en el modelo. A mí, que me he pasado toda la vida luchando contra etiquetas, estereotipos, normas sociales... defendiendo radicalmente que la única norma lógica para la convivencia es el respeto. Yo había caído en las redes de "la normalidad" y estandarización. 

Una noche cualquiera, no pude sujetar más la necesidad de hundirme en su cuello a descubrir su olor, a probar la suavidad de su piel y a descubrir la urgencia de sus labios. "El Salem Rock" fue cómplice, una vez más, de mis aventuras. Siempre discreto, siempre acogedor, siempre dispuesto. A partir de ese momento no he sabido desembarazarme de la necesidad de fundirnos en un abrazo, de sumergirme en la profundidad de sus ojos castaños, de enlazar nuestras manos, de acariciar cada milímetro de su piel y besar cada rincón de su existencia.

Cuando está conmigo siento la seguridad, tranquilidad y confianza del hogar. Cuando no está, el recuerdo: de su olor, de la firmeza de sus abrazos y de la determinación de sus besos; inunda mi imaginación y mis sensaciones obligándome a sonreír abiertamente.

Me encanta esa manera que tiene de pasar instantáneamente de una conversación profunda y trascendental a las leyes de la World Rugby; de un momento tranquilo contra mi hombro, a la mayor urgencia pasional; de una charla distendida y vacua, a la concentración absoluta en un tema que le interesa...

No puedo explicar cómo, ni por qué, pero en menos semanas de las que se pueden contar con una mano, y con no demasiado tiempo de encuentro, ha ido ocupando mi órbita convirtiéndose en un satélite principal. Sigo conmocionada con la rapidez y violencia con la que ha ocurrido y sin embargo no puedo negar la alegría de haber sabido cazar la oportunidad. Puede que desemboque en desastre, o no. Puede que sea algo efímero, pasajero y anecdótico, o no. Puede, que como en las películas malas, mañana despierte y todo haya sido un sueño, o no. Lo que está claro es que sea como fuere, voy a vivirlo y disfrutarlo mientras pueda, porque por una vez no lo he provocado, me ha llegado y quiero descubrir todo lo que guarda.

martes, 31 de diciembre de 2019

Normas pisoteadas.

1. Nunca busques líos en zona de trabajo.
2. Nunca te enganches a un sanitario que te trata o podría tratarte.
3. Nunca mires de más a un mentorizado, sé profesional. 
4. Intenta mantener las relaciones románticas de una en una.

Toda una vida intentando poner límites a unas pasiones desbocadas. Creyendo que si te ajustas a los límites que tú mismo te propones, conseguirás encajar en los estándares sociales establecidos. 
Toda una vida intentando engañarte con vagas creencias para evitar conflictos internos, pero sobre todo para proteger al resto del huracán que puedes llegar a ser.
Sin embargo un día, todo se pone patas arriba y descubres que tus normas no se pueden cumplir siempre. Que por mucho que te esfuerces no puedes dejar de sentir.
Ocurre algo, aparece alguien, y lo ves. Te intentas autoconvencer de que es una sensación sobre venida de curiosidades antiguas no satisfechas. Que es algo momentáneo, intenso, pero pasajero. Que si te centras en obviarlo, todo pasará y quedará en una mera anécdota más del camino.
Pero cada instante que pasa te sientes más incapaz de controlarte, las oleadas de deseo cada vez son más fuertes, intentas mantenerlas al margen intentando hacer fuerte a la razón; pero no puedes dejar de notar esa conexión. 
El conflicto interior comienza a convertirse en un bucle, un helicoide sin fin desesperante que no deja de girar y clavarse cada vez más y más profundamente. 

Un día, sin más, mantienes una profunda charla contigo y llegas al acuerdo de relajarte y dejarte fluir porque, si no, volverás a sumergirte en el abismo de desdicha y vacío que has temido siempre. A pesar de correr el riesgo de hacer daño a quienes han creado un paraíso de confianza y tranquilidad para ti.
Permites que esa nueva aparición participe, que entre en ti. Quieres ver la imagen real de esa proyección que has podido ver desde el otro lado de la barrera. Necesitas averiguar qué hay de realidad en las sensaciones, en los sentimientos y en las ilusiones. Deseas vivir lo que sea que tenga que ocurrir, sentir y disfrutar cada segundo de ese nuevo viaje trepidante al interior de tus pasiones. 
No obstante, te niegas a abandonar y rechazar todo el entorno bonito construido a tu alrededor. No es sencillo conseguir espacios en los que sentirse completamente a salvo. Entonces de nuevo se despiertan miedos irracionales por el rechazo que podría darse, cuando quienes más te importan pudieran no aceptar la nueva situación planteada. Pero ya no puedes parar, has comenzado un nuevo camino sin retorno, tienes que seguir adelante porque por una vez eres protagonista y a pesar de que pueda ser la peor idea, has decidido defenderla al 100%, porque es lo que necesitas y deseas.

La única forma de hacer que los que te importan sean felices es a través de la confianza, la sinceridad y el respeto, hacia ellos y hacia ti. Si intentas ocultar lo que piensas y sientes por miedo a herir, esa tensión se convertirá en un arma de destrucción masiva siempre a punto de explotar. Sin embargo, si vas de cara y expones la situación tal cómo se da, aunque no sea totalmente comprensible, los que te aprecian aceptarán tus excentricidades; porque en definitiva, son las que te definen y hacen único, singular y especial.

Cuatro normas han sido violadas, y lejos de sentir arrepentimiento y pesadumbre, siento la mayor comunión conmigo y con mis pasiones de toda mi vida. 

viernes, 23 de agosto de 2019

AHORA tuya

Hola mi amor,

Espero que sepas perdonarme por no dejarte dormir cuanto quisieras cuando estás conmigo; por hacerte caminar sin sentido, sólo por el mero hecho de pasear; por mis manías, vaivenes de humor e insufrible altivez; por hacerte perder fines de semana completos para acompañarme en mis caprichos.

Quiero agradecerte cada instante que has encontrado para pensar en mí, cada momento que has querido compartir conmigo, cada ahora que me has regalado, todos y cada uno de los segundos que le has robado a tu vida para llenar la mía de alegría, cariño, sosiego, energía y esperanza.

Si alguna dimensión ha sido y es protagonista en esta historia, siempre ha sido el tiempo. (Perdona si soy reiterativa, pero sigo pensando que es el bien más valioso que posee cada ser.) Es un bien finito, una vez fugado no podemos volver a recuperarlo. Sólo uno mismo tiene el poder y la capacidad de decidir cómo y con quién pasar cada cuando.
Yo, en un duro acto egoísta, reclamé con dureza la parte que creía que me correspondía. Tú, en un claro acto altruista has ido pagando una deuda, a todas luces injusta, con diligencia y aparente entusiasmo.

Alguna vez te he oído decir que te complemento. Sin embargo, yo creeo que me equilibras. De repente, le he perdido el miedo al fracaso, me siento más segura y capaz de conseguir cualquier locura que me proponga emprender. La angustia, la desazón y el temor a lo desconocido han desaparecido prácticamente por completo de mi vida y tú eres responsable de ello en gran medida.

Por eso y una infinidad de cosas más que no sé decir con palabras te entrego esta bagatela. Símbolo de los últimos 12 meses en particular, y de los que faltan por llegar. Porque mi tiempo es tuyo, como tuya es mi dicha y todo cuanto soy.

Te amo. Te quiero como no recuerdo haber querido a nadie. Te quiero contento, te quiero tranquilo, te quiero feliz, te quiero seguro, te quiero fuerte. Y te quiero a mi lado.

AHORA tuya.

jueves, 14 de febrero de 2019

2019 02 14

《No es porque sea 14 de febrero, o tal vez sí. No es porque esté enamorada, o tal vez sí. No es porque te deba nada, o tal vez sí. La cuestión es que no me canso de decirte una y otra vez, que te agradezco que me hayas salvado innumerables veces del abismo de mis pasiones. Hay quienes insisten en que estoy perdiendo tiempo y oportunidades concentrando todos mis esfuerzos en esto, lo que no saben es que <esto> es lo único que ha sido verdadero y sincero en toda mi vida. En <esto> no hay máscaras, no hay apariencias, solo tú y yo para nosotros. Siempre hemos sabido que no era nada, y sin embargo lo era TODO. Nunca nos prometimos nada y sin embargo aquí estamos.
No, no será este el típico texto de amor eterno, prefiero que sea nuestro <esto de momento>.
Porque ya estoy grande para enormes palabras vacías de intención y me encantan las pequeñas intenciones carentes de palabras. Porque no necesito explicaciones y nunca las reclamé; y me basta con descubrirme en tus ojos, en tus manos y tus labios cada vez que el caprichoso destino nos une. Porque no lloraré cuando te vayas pero te extrañaré cuando te deje. Porque el tiempo es el mejor regalo que nadie puede hacer y el tuyo casi siempre es para mí.
Gracias por quedarte, gracias por estar, gracias por ser. 》

Hoy hace 2 años que proponía ese 《esto de momento》y no me arrepiento. Suscribo cada una de las palabras de aquel día aunque, ahora ya, sí haya hecho reclamaciones.
He perdido la noción del tiempo, ya no sé cuándo dije: <ese hombre es para mi>, pero sí puedo asegurar que no ha habido más varón en mi vida desde ese momento.
No te engaño, entre idas y venidas hubo una persona que hizo temblar los cimientos de toda la ética y moral sobre la que me había construido. La amé, sólo Dios sabe cuanto. Tanto que dudé de mi, de ti y de todo lo que había querido erigir. Por un momento olvidé que seguías por ahí, la quise tanto que todo daba igual, amor loco, irracional, pasional y como todo lo que se cimenta en una aventura... efímero y fugaz.
Antes de que me diera cuenta se había ido. La escusa da igual. Me dejó con tantas dudas y tan desconcertada que también necesité tiempo para volver a ordenar los bloques. Demasiado tiempo, ese sí fue tiempo perdido recreándome en la perdida y el dolor del vacío que había creado.
Y sin esperarlo, ahí estabas tú, como siempre, ni demasiado lejos como para no encontrarte, ni suficientemente cerca como para tenerte. A ratos robados a esos horarios imposibles, una vez más, reconstruiste lo que otros habían derribado, con paciencia, y más cariño y respeto del que nadie está dispuesto a ofrecer.

No puedo prometer que nunca habrá nadie más que nuble mi entendimiento y me distraiga del camino. No sé qué tiene reservado para mi este viaje. Pero como me harté de decirle a ella, te lo digo a ti con mucha más razón, conciencia y esperanza. Yo sólo sé hacer esto del amor de una manera: de verdad y para siempre. Son palabras muy grandes, enormes y que también conllevan una gran responsbilidad.
A menudo te hablo del vértigo, y de veras que lo siento, pero es ese vértigo que produce esa sensación de cosquilleo en las entrañas, es un vértigo agradable, es un vértigo que quieres volver a sentir. Es ese vértigo que me daba cuando de chiquita me subían a la noria y desde lo más alto gritaba: 《¡¡¡Mamá, me da la muerte!!!》, y al bajar suplicaba poder volver a montar una penúltima vez.
Todo lo que no podemos controlar da un poco de vértigo, pero no por ello debemos dejarlo pasar. Muchas veces, tras probar, decidiremos que no necesitamos repetir; sin embargo, de momento, contigo siempre me parece poco.
Una vez más y como siempre, no espero que tú sientas lo mismo, ni siquiera que quieras compartir una réplica. Yo sólo quiero (necesito) aprovechar que parece que me prestas atención para entregarte lo que soy, lo que siento y el camino que me trae una y otra vez hasta ti. Necesito compartirme contigo porque es como mejor me disfruto. Necesito pensar que me conoces.

Buenos días y que tengas una feliz jornada.

sábado, 9 de febrero de 2019

Redescubriéndome...

Hoy me he encontrado conmigo en el espejo mientras me desnudaba para irme a dormir. Hoy me he observado por primera vez en mucho tiempo y de repente me he descubierto deseándome...
No es un secreto que me excite un cuerpo naturalmente tonificado, no lo es tampoco que adore la anatomía femenina.
Entonces me he quedado observando ese cuerpo desnudo, ligeramente marcado, con sus "psicotrices", sus pellejos, sus flacideces, además de sus músculos esculpidos y sus redondeces. Lo he mirado durante algunos minutos escudriñando las formas y grietas. Y sin saber por qué se ha dibujado en mi mente tu imagen, semiincorporado en la cama observándome, como yo lo hacía a la imagen del espejo. Estudiando cada curva, cada borde, cada giro... Mirándome fijamente y sin decir nada, sólo disfrutando de las vistas.
La verdad, no tengo ni idea de si alguna vez me has mirado de veras, si has querido guardar alguna imagen ahí, en el fondo del cajón de las cosas importantes. Me da igual. Yo sí. Yo te veo, te miro y te observo cada día que se alinean los planetas y coincidimos. Te estudio con los ojos y con las manos. Te aprendo con los labios y con la lengua. Cuanto más me miraba, más clara era tu imagen en mi mente. Y me he dado cuenta de cuánto me deseo a través de ti. Porque he entendido que soy lo que quero ser, que tengo cuanto quiero tener y aunque parezca raro, todo eso me lo has devuelto tú.
Eres mi ancla y mi timón, mi sol y mi luna, mi pena y mi alegría. No conozco mejor manera de disfrutarme que contigo porque cuando no has estado, y lo he intentado, sólo he sentido frío, con otros sólo había vacío.
Ya sé que lo sabes, pero por si se te olvida te lo repito, TE AMO. Pero no te equivoques, no amo lo que eres, ni lo que tienes, ni lo que puedas o no hacer, amo lo que soy cuando estoy contigo. Amo la paz que me recorre el cuerpo, amo la confianza,  la fuerza y la pasión con que me enfrento a los retos si tú me ofreces tu aliento. Sin saber explicarlo, sin saber comprenderlo, lo único que entiendo es que TE QUIERO. Te quiero cerca y lejos, te quiero ahora y luego, te quiero fuera y dentro. Y GRACIAS es la única palabra que en todo esto tiene sentido.

lunes, 6 de agosto de 2018

Dueles más que curas

De repente, sin darte cuenta has dejado pasar una década conformandote con lo que había. No ha habido ningún cambio ni evolución, sigue siendo la misma historia una y otra vez, año tras año, cita tras cita siempre exclavos del tiempo y de tus circunstancias.
Me pediste que estudiara y lo hice, me pediste que progresara en mi carrera y lo hice, pero me pediste que fuera feliz y no, eso no lo puedo conceder, al menos no así.
Yo te pedí que durmieras, que te alimentaras bien, que descansaras, sin embargo no supiste o no quisiste organizar tu vida de manera que no te consumiera.
Tú simplemente me apoyabas y alentabas para que alcanzara mis metas, mientras que yo, sin querer, te instaba a que cambiaras tu forma de ser y de vivir.
Así ha pasado el tiempo y nuestra juventud, esperando a que cambiaras de tienda, a que terminara la carrera, a que tuvieras mejores turnos, a que consiguiera un trabajo... y sin embargo nada ha cambiado entre nosotros.
Siento cómo se me fugan los instantes entre los dedos, cómo se me escapa el tiempo como el humo, cómo, en una década, no he tenido ni una oportunidad de echarte de más. Ya no me vale un de momento, ni siquiera nuestro "eso" porque cada vez creo más firmemente que simplemente era mío, mi necesidad, mis ganas, mi voluntad, mi plan, mi energía.
Seguramente sea una visión harto egoísta, sin embargo, por más que intento empatizar contigo no consigo encontrar el punto en que "esto" tiene cabida y sentido en tu organigrama de vida. Por más que lo intento y lo pienso, no veo cómo ni dónde encajo yo y me duele haber sido un simple accesorio accidental.
Te he dado todo lo que soy a sabiendas que no lo querías, me entregué por voluntad propia y consciente de que tenías  muchas otras prioridades. Pero soñaba con, que a medida que la costumbre hiciera normal que me tuvieras, fuera subiendo en tu escala, sin embargo la ensoñación ya toca a su ocaso.
No he sabido hacerme el hueco que ansiaba, no he sabido hacerme necesaria, no he sabido conseguir que confiaras en mi, que te abrieras y me confiaras tus miedos más siniestros y ocultos. No he sabido ser el escape que necesitas, no he sabido ayudarte y esto me envenena.
No tan de repente me dueles más que me sanas, me he cansado de esperar un gesto, una señal que le de sentido a todo este camino. Ya no puedo, ni quiero, seguir esperando a que se alineen los planetas, esto tendría que ser más sencillo, más natural y espontáneo, sin embargo he pasado años planeando, calculando, pero sobre todo justificando y esperando. Te he querido y te quiero como no he querido a nadie y te he amado, Dios sabe cuánto te he amado; pero en esto también llega un instante que exige reciprocidad y realimentación (o feedback). Se me han agotado las ideas, se me ha secado la fuente de la imaginación, he acabado con todos mis recursos de seducción, ya no me queda nada por probar contigo, y lo que es peor, ya no me apetece seguir intentándolo.
Ahora con la perspectiva de alrededor de una década de infructuosos envites, no me arrepiento de nada, volvería a repetir cada paso; y sin embargo me cuesta encontrar las ganas de seguir intentándolo.

sábado, 14 de octubre de 2017

La clarividencia de la experiencia

Sigo buscando el momento perfecto para decirte todo lo que mis sonrisas callan, lo que mis suspiros ocultan y lo que mis lágrimas anhelan.
El momento en que la vida no nos supere, en que todo esté en equilibrio, en que podamos parar un segundo a pensar qué queremos cada uno, qué esperamos y qué significa esta aventura compartida.
Nos propusimos dejar que pasaran cosas, sin etiquetas, sin promesas ni esperanzas, pero el juego se me está complicando y ninguno nos merecemos más penas ni heridas.
No me importa aprender a cocinar, para ti, como lo haga tu madre, no me importa ordenar tu imposible trastero ni planchar, no me importa hacer limpieza 3 veces por semana, ni soportar la leve conjuntivitis que me provocan tus gatos; si todo eso se va a traducir en que todas las semanas me regales un pedacito de tu tiempo.
No puedo evitar tocarte cuando te tengo cerca, no puedo evitar desearte, no puedo evitar soñar con esa realidad alternativa en que todo esto es verdad. Que tú y yo simplemente seamos nosotros. Que queramos lo mismo, que esperemos lo mismo y que por fin nos conozcamos. Que distinga la preocupación y la pena en las arrugas de tu ceño, que sea capaz de dibujarte una sonrisa cuando todo parezca ponerse en contra.
Que no te importe mi sarcasmo como a mi me divierte el tuyo. Que aprenda cómo te gusta el café de la mañana y cual es tu plato favorito. Que sepa exactamente lo que necesitas cuando esquivas mis ojos para que no pueda leer en los tuyos.
Quiero ser para ti, quiero que confíes, creas y sientas si quiera una mínima parte de lo que lo hago yo. Quiero que te relajes, que dejes de luchar contra ti mismo, porque eso siempre es una batalla perdida.
Quiero que decidas lo que quieres y no te dejes vencer. Quiero ser tan complaciente como complacida. Quiero despertar a tu lado, quiero que tu aroma y tu tacto nunca se me olviden, quiero besar tus párpados para despertarte, quiero sentir la tranquilidad de tu aliento en mi cuello al acostarme. Quiero que quieras ser tan mío como yo quiero entregarme. 
En definitiva, quiero que esta última época sea verdad.
Quiero mi premio gordo, con todos sus extras, con sus fantasmas y sus gansadas, con su estrés diario y sus libranzas locas, con sus amigos, sus deberes y sus apetitos. Te quiero, pero lo quiero todo, las malas caras, los días insufribles, los compromisos ineludibles, las noches en vela, los días de sueño, los silencios vacíos, las semanas en blanco. Quiero compartir ducha, desayuno y tribulaciones. Quiero hacerte la cama y que la deshagamos juntos. Quiero sentir tu calor, tu tacto y tu aroma a diario. Quiero quererte como mereces, mimarte, cuidarte y amarte siempre que me lo permitas. Lo quiero todo y ya no quiero conformarme con menos.
Tengo claro en qué dirección quiero remar, pero necesito que estemos de acuerdo para continuar travesía o lanzarme a redescubrir el océano.

domingo, 12 de febrero de 2017

Siempre con la puerta entreabierta

La semana se cerró con una controvertida y sorprendente noticia, aunque bien pensado, si yo he interpretado distintos papeles en más de una ocasión, por qué no iban a poder los demás.
El tema es que la persona más introvertida y aparentemente impenetrable que he conocido confesaba que como antaño, le han vuelto a romper el corazón.
A todos nos han  minado la moral y las ganas de volver a intentarlo alguna que otra vez. A algunos adictos a la novedad, riesgo y retos, nos sucede mucho más a menudo de lo que nos gustaría admitir. Tal vez por eso empieza a perder la importancia que realmente tiene, te acostumbras a la decepción y la normalizas. Duele, claro que duele, pero el refranero nos deja perlas como "un clavo saca otro clavo" o "La mancha de mora con una verde se marcha".
Sin embargo para quien no está acostumbrado al juego puede llegar a ser fatal, sumiéndolo en una profunda tristeza capaz de desarrollar los más virulentos y devastadores síntomas psicosomáticos, como urticarias, trastornos digestivos, úlceras... Por tanto hay que aprender a canalizar el dolor. Encontrar o crear un aliviadero para el torrente de sensaciones y sentimientos que supone una decepción del corazón, tanto más para aquellos sujetos harto concienzudos y cerebrales, es fundamental para la recomposición y la correcta evolución del duelo.
Algunos se sumergen de lleno en el deporte, otros en los videojuegos creando una realidad paralela, otros en los amigos, el trabajo... Cualquier excusa es buena para focalizar nuestros esfuerzos en nosotros mismos y empezar a olvidar la fuente de angustia.
Hace un año por estas fechas escribía sobre la diferencia entre 'QUERER' y 'AMAR'. No en vano traigo aquella reflexión, porque si bien querer, aunque a veces se confunda, implica posesión; amar es algo mucho más poderoso e impide esa decepción tras el rechazo, pues al fin y al cabo tu deseo máximo es el bien ajeno.
No podemos evitar tener ciertos sentimientos egoístas respecto a aquellos que queremos incluso por los que amamos, sin embargo si nos empeñamos en amar de veras a quienes quisimos, el duelo se hace mucho más llevadero y fugaz puesto que llegamos a entender que su dicha está íntimamente unida a su libre albedrío y atándolos nunca conseguiríamos su verdadera felicidad.
Así pues, debemos dejar de intentar poseer y pasar a entregarnos, para conseguir que tanto nos como los de nuestro alrededor disfruten de un tránsito mucho más liviano y feliz por este sinuoso e inhóspito (a veces) camino al que solemos llamar vida.
Aunque parezca el fin del mundo no lo es, el dolor es inevitable, el sufrimiento es una decisión. He oído y leído mucho últimamente sobre el tema y he llegado a la conclusión de que la felicidad también es una decisión propia. No siempre estaremos contentos en cuanto que no podemos controlarlo todo, pero sí podemos tomar la firme decisión de ser felices.
Así pues está bien liberarse de las máscaras que ocultan la realidad de las cosas, está bien descerrajar nuestros más ocultos y oscuros candados para compartirnos con el mundo, porque nunca sabremos qué encontraremos tras qué giro del camino. El Humano es social, ninguno puede sobrevivir solo y apartado por mucho que se empeñe, siempre hay alguien detrás, por insignificante que parezca, respaldándolo.
Ninguno somos islas, ninguno posee todo el conocimiento, ninguno es autosuficiente, todos somos, de un modo u otro, vulnerables a millones de agentes externos de los que sólo otros pueden mantenernos a salvo.
No podemos encerrarnos y apartarnos del mundo por una simple decepción. El mundo es enorme y nos ofrece un sin fin de combinaciones, sólo hay que ser paciente y estar atento para encontrar la que encaja perfectamente con nuestra suma, sin miedos, sin prejuicios, sin rencores pero sobre todo sin complejos.

viernes, 25 de noviembre de 2016

El punto de inflexión, el detonante. ADIOS

Estaba en clase y de repente me sobrevino un inmenso calor de IRA. No me había detenido nunca a pensar qué pasaría si... porque era completamente inconcebible para mi.

Mañana vamos de cumple y ¡oh!, casualidad, es nuestro no aniversario, sí, lo siento, me acuerdo y sé que debería omitir aquellos días de mi memoria, pero no quiero porque fueron los días más entrañables y sinceros de mi vida. Sé que debería dejarte marchar, podría mentir diciendo que me he rehecho, que todo pasó, que estoy bien, que "el imbécil" y yo estamos genial, que no es un parche más... Pero no, lo nuestro es la mayor farsa de la que he sido testigo jamás. Nunca lo amé, ni lo desee como a ti, a pesar de que el tiempo ha hecho costumbre de lo nuestro y ya se sabe que "el roce hace el cariño".
Mañana nos vemos como aquel primer día, los mismos motivos nos unen, la misma excusa pero en circunstancias diametralmente opuestas. Esta vez sé que aunque siga soñando contigo, tú no pierdes ni un segundo conmigo. Me he empeñado en creer que todo está bien, que las heridas han curado, que he aprendido a no desearte, que no me importa que sigas adelante. Pero todo es mentira, te echo de menos, extraño tus labios carmín, tus ojos fijos en los míos antes de regalarme la sensualidad y dulzura de tus besos, tus manos jugueteando con mis dedos, el rubor de tus mejillas, el calor de tus orejas, tus caricias y perder el tiempo compartiendo anécdotas, discutiendo y paseando por este nuestro Madrid más discreto y sencillo.
Me llegan rumores de que has vencido a la soledad, que ya tienes con quien perder el tiempo, a quien asirte durante los largos paseos, con quien ir al teatro, con quien reír, con quien disfrutar de nuevas primeras veces. Y aunque haya vuelto a poner mi mejor cara otra vez, sólo quiero llorar por la oportunidad perdida, gritar desesperadamente por la frustración del fracaso. Sin embargo estoy en clase, haciendo escritura libre en la última página del cuaderno, como cuando era adolescente porque es la única manera que conozco de librarme ligeramente del dolor.
Un puñal gélido me ha atravesado de nuevo cuando he entendido las palabras de Asmodeo. Al principio, sin reparar en ello, no sentí nada; pero a medida que sus palabras se repetían en bucle en mi cabeza: "¡oye!, igual viene con compañía, para que no te pille de sorpresa..." Bueno, estás en tu derecho, ¿no? Tiene que darme igual. No puedo pasar la vida guardando luto de algo que nunca llegó a nacer, por muy real que fuera para mi.

Definitivamente me he vuelto majara del todo. Me sorprendo de mis propias reacciones, definitivamente no me conozco. Me asusto, me doy miedo, quiero dejar de sentir el dolor frío de su ausencia y me imagino llenando ese vacío de vacuidad y vulgaridad. Me asusta negarme a enfrentar el dolor, llevo demasiado tiempo en negación, es tiempo ya para la aceptación y continuar el camino.
La teoría la conozco, pero en la aplicación suspendo siempre. Llegado el momento descubro que duele más si cabe. A veces la terapia de choque es el punto de inflexión que nos hace despertar del letargo en el que te sumes cuando la fase de negación se alarga sin control.
Asumir la pérdida siempre ha sido mi punto débil. Tanta energía invertida en crear vínculos para que de la noche a la mañana simplemente se esfumen. Otros llegarán y llenarán el vacío dicen, y la experiencia me demuestra una y otra vez que la ausencia del que se ha ido nunca se ocupa. Tal vez se mitigue el impacto del hueco, pero nunca desaparece.
En días como estos extraño sus palmaditas en la espalda, sus sarcásticas alabanzas, su maldita extraña forma de hacerme sentir valiente, capaz, importante. Pero es hora de dejar de vivir del recuerdo que no volverá, de momentos fugados en la historia que en las profundidades de la psique deben reposar.

Un nuevo sueño cumplido

Cuando era más joven y veía las competiciones deportivas internacionales de las moralidades que me gustaban, siempre pensaba: "Me encantaría conocer a alguna vez a alguno de esos"... Balonmano, natación, fútbol, waterpolo, halterofilia...
De repente el destino me llevó a la práctica de otro deporte minoritario en España (si no es fútbol, no existe).
El Rugby me devolvió mucho más que la forma física, en un momento en el que mi vida era un fracaso. En esos tiempos pensaba que todas las decisiones que había tomado durante aquellos últimos 5 años habían sido un error. Abandonar una floreciente consultora estructural, volver a "estudiar", recaer una y otra vez en la misma trampa pasional, perder a mis amigos, dejar la música... Todo parecía una broma del destino hasta que una entusiasmada jovencita rubia me asaltó por los pasillos de la Escuela: "Hey, tú, estamos formando un equipo de Rugby, deberías probarlo", "Seguro que se te da genial, además necesitamos gente grande".
Ya había sopesado la idea de probarlo en "Geo", pero vaya, si Aparejadores está formando su propio equipo, hay que aprovechar la oportunudad... "Apunta mi número y mi dirección, ¡¡por probar no pierdo nada!!! Y así empezó todo.
Tras una nefasta temporada en lo deportivo, pero maravillosa en cuanto al grupo, no pude menos que ahondar en el tema y dejarme abducir por un equipo "pro". Majadahonda, Olímpico de Pozuelo y sobretodo Hortaleza me tentaban una y otra vez, pero la economía del tiempo y la insistencia del que había sido mi entrenador en esa nueva aventura me llevó al seno del "Colegio". El Cisneros conserva esa actitud familiar y de conservación de la tradición colegial que me enamoró desde el primer segundo que me colé en un entrenamiento con esas fabulosas chicas de DH que estaban preparando los "seven"... Aún me emociono recordando aquellos días, jamás sufrí tanto y con tanto gusto. Venían de jugar en la máxima categoría mientras que yo hacía casi una década que no cultivaba mi cuerpo como es debido. Poco a poco fui alcanzando potencia y resistencia suficientes para desempeñar mi trabajo con cierta solvencia aunque me quedaban muchos deberes por hacer además en cuanto a técnica y leyes. Casi sin darme cuenta se esfumó el verano entre salidas, despedidas y buen rollo en grupo. Y se vino la nueva temporada. ¡¡Guau!! Tal vez juegue en DH, eso es mucho más de lo que podría haber soñado cuando era esa mocosa fanática de un puñado de deportistas. No sólo voy a conocer a "las mejores" si no que voy a compartir cancha, vestuario, comida y transporte con algunas de ellas. Un infantil sueño elevado a la enésima potencia hecho realidad. Hoy puedo decir que viví los mismos comienzos que algunas Seleccionadas revelación como Iera Etxebarría o Isabel Macías que fuimos Polillas Novatas la misma temporada en el CTO. NACIONAL UNIVERSITARIO.
Han caído ya 4 temporadas, estamos a mitad de la quinta y comparto equipo con 5 olímpicas de las cuales 2 consiguieron diploma, y más de media docena de seleccionadas para representar a España en alguna ocasión.
Estudio con una campeona mundial de Kempo, meriendo a menudo con la Élite del Rugby femenino español, alterno con Diplomadas Olímpicas y sufro junto a un maravilloso grupo de "niñas" de todas las edades que se dejan la sangre y la piel en cada partido, sea cual sea el rival, para hacer que este deporte crezca exponencialmente como lo ha estado haciendo al menos los últimos 5 años que yo disfruto desde dentro.
No se puede pedir más de un sueño cumplido.
 "No sueñes tu vida, Vive tus sueños".

domingo, 23 de octubre de 2016

Vértigo

Cada mañana despierto con una enorme sensación de vacío, entonces pienso en ti y en la infinidad de veces que hemos coqueteado con la idea de una vida en común, sobretodo yo.
Amanezco preparando la oratoria con que te asaltara la próxima vez que cayera sobre tu pecho tras dar rienda suelta a nuestros instintos más primarios. Me pregunto cuánto de real tienen esas insinuaciones. Qué esperas realmente de esta historia, cuáles son tus fantasías.
He sido yo quien ha insistido en evitar las etiquetas, en dejarnos hacer sin promesas ni esperanzas. Pero la cuestión se alarga demasiado y empiezo a necesitar cierta definición. Yo no puedo prometer que serás la única persona de mi vida, no lo has sido este tiempo ni creo que lo fueras en el futuro. Pero sí puedo decir que hasta ahora sólo he pensado en futuro contigo.
El vértigo de estar equivocándome de nuevo, alimentando algo que sólo tiene sentido para mi, me marea. Ya contamos el tiempo por lustros y a veces siento que no hemos avanzado nada. Aún sigues encerrado en un bucle que nunca he entendido y del que he desistido. Nunca aspiré a ser el centro, mas me siento a menudo la última opción y eso me hace daño.
Desde el primer día te he querido y pienso que te lo he hecho saber, con más o menos desdén, pero siempre te he atendido y he estado para ti, por eso en este punto de silla en que se encuentra mi vida busco algo firme a lo que asirme, pero sólo encuentro incertidumbre.
Necesito avanzar o dejarlo aquí guardando un montón de encuentros enormemente satisfactorios y más de una anécdota indecorosa. Entonces, una vez más, cuando había perdido toda esperanza de inspirarte algún tenue recuerdo, me escribes y me regalas un nuevo haz de luz. Dices que me extrañas, que me necesitas, que me deseas y de repente todo vuelve a tener sentido, me lo creo, aunque haga semanas que no nos vemos, casi meses, lo creo. Te excuso y me excuso pensando que cuando cambie mi situación todo será distinto. Pero por qué he de ser yo quien se adapte a tus tiempos, por qué te espero una y otra vez. Por qué tengo la absurda sensación de que esta batalla la libro sola y contra mi.
Falta comunicación, no te conozco, no sé qué quieres ni qué necesitas. Hasta ahora me bastaba con cubrir mis necesidades de ti, pero esas necesidades se están complicando hasta el punto de pasar por la necesidad de cubrir tus necesidades, pero no puedo imaginarlas o inventarlas, necesito demandas, necesito que me hables, necesito que me lo pidas.
Te quiero, te he querido desde que te conocí, pero no hace mucho que he empezado a amarte, he apostado muy fuerte por lo que quiera que sea "esto" y quiero que funcione, pero es un trabajo de dos que por mucho que quiera no puedo hacer sola.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Gracias GALLETA!!

La gente que, como yo, ha tenido miedo a vivir, los que han temido tanto al rechazo, que han preferido quedarse en segundo plano y así evitarse las laceraciones del desprecio. Nosotros solemos encontrar un "alter ego" que es todo lo que nos habría gustado ser, alguien que sin darnos cuenta se convierte en la voz de nuestra conciencia, en nuestro diablillo, incluso a veces en nuestro Ángel de la Guarda.
Alguien que sin proponérselo se convierte en parte de ti mismo, alguien con quien coincidas o no, sabes que pase lo que pase brindará contigo, o te pegará la paliza necesaria para que espabiles, quien te regañará y se enfadará profundamente contigo pero que te mirará fijamente y comprenderá toda la maraña de sensaciones que te hacen ser la persona más estúpida del mundo.
Alguien que llega a conocerte mejor que tú y te descubre los pequeños detalles que te hacen adorable y los que te convierten en odioso, que no duda en decirte las cosas aunque duelan, a quien te sientes agradecido porque con su fuerza, confianza y respeto empezaste a conocerte y perder el miedo a sentir, a equivocarte, en definitiva a vivir.
A medida que avanza la relación entiendes que aunque pueda parecerte alguien sensacional y cuasiperfecto también tiene sus defectos, sus debilidades y flaquezas, que sangra si le pinchan, que grita si lo golpean y que llora si sufre. Entonces lo que era únicamente admiración y fanatismo se convierte en respeto y cariño al comprender que simplemente es alguien que se detuvo a guiarte para aprender a conocerte a ti mismo.
Entonces es cuando llega tu turno de devolverle toda la fuerza, el empuje y confianza que te regaló cuando estabas perdido. Poner toda la fe en que encontrará el camino, tenderte a su lado cuando caiga a esperar que llegue el momento de retomar la marcha. Recordarle que "los amigos de hoy son la familia de mañana", porque los afectos no entienden de RH si no de respeto, confianza y simpatía.

lunes, 22 de agosto de 2016

Sigo queriendo besarte, pero mi momento se esfumó.

Quise besarte la tarde que te conocí.
Quise probar esos labios cada tarde de novillos de historia, quise hacerlo antes y después del teatro, en cada despedida, en cada reencuentro, quise hacerlo en el jardín del Museo del Traje cuando viniste a buscarme y cada mañana que fui a recogerte a las clases de Inglés.
Quise besarte frente a la Puerta de Alcalá, el día que me descubriste lo que son los "Macarons", quise hacerlo una y otra vez durante los largos, aunque me pareciesen fugaces, paseos por Chamberí.
Quise besarte frente al cementerio el día que me invitaste a tu pueblo, quise hacerlo en "La silla de Felipe II", quise hacerlo por todo el recorrido en El Escorial.
Quise besarte en cada esquina que nos despistábamos del grupo de visitas guiadas.
Quise besarte en la Casa de Campo mientras descansábamos del paseo en bicicleta, quise hacerlo frente al Lago, quise junto al Viaducto, frente a la Judería, en el Templo, en la Plaza de Oriente, al lado del gigantesco carrusel.
Quise besarte en la fila del Teleférico, quise hacerlo en La Rosaleda, en la Plaza de España, en la Gran Vía, en Embajadores...
Nunca olvidaré los tímidos ósculos que me dedicaste, no naufragarán en mi memoria el pánico, el vértigo y la ilusión que me sobrevino con tu primer beso. No dejaré de esperar un último beso.
No deja de maravillarme tu sonrisa ni tu sarcástico desprecio cuando me meto contigo. Tal vez aprenda a dejar de quererte, pero no podré dejar de amarte.
A mi los treinta no me confunden, es más nunca me sentí más lúcida ni segura. Tal vez no supiera entender lo que estaba pasando durante aquel mes de ensueño que se convirtió en "tabú" y seguramente no entendí lo que querías o necesitabas de mi; pero no me arrepiento de nada más que de haber dejado pasar una y otra vez la oportunidad de disfrutar de esos labios que no volveré a catar.
Han pasado años y aún sigo trabajando en aprender a ser tu amiga, tal vez los años y la confianza nos premien con una intensa relación fraternal, y espero que sea como fuere sigas en mi camino largo tiempo. Tu presencia me fortalece, me inspira y me reconforta aunque en algunos momentos me envenene tragándome las ganas.
Gracias por devolverme la fe, gracias por aguantar mis rarezas, gracias por tus dudas y arrojo para aclararlas, por cada minuto que pierdes (o gastas) conmigo. Gracias por ser, estar y quedarte.

domingo, 17 de julio de 2016

"Me gusta tu rollito"

Todos tenemos de vez en cuando una semana de desastre, una en la que a pesar de poner todo el positivismo que se es capaz de amasar, todas las cuestiones que le ocupan se malogran. Todo parece dispuesto de tal forma que lo deprime y/o exaspera.
Hay gente a la que le cuesta un Potosí detenerse, analizar la situación y darse cuenta de que realmente no es el mundo lo que se pone en contra, si no uno mismo quien sin advertirlo se pone trabas. Y es infinitamente complicado admitir que se necesita ayuda y que al fin y a la postre se tienen limitaciones que el que está al lado puede ayudar a superar sin demasiado esfuerzo.
Es ahí donde se descubre, además, de qué pasta está hecha la gente que lo rodea. Quienes detuvieron unos minutos el frenético ritmo de sus vidas para escuchar y lanzar ese cabo que lo devuelva de esa deriva tortuosa en la que se está inmerso. Quienes parecía que lo escuchaban pero simplemente asentían desconectados. Quienes no se esperan y de pronto aparecen con las soluciones correctas. Quienes no están ni se los espera porque han pasado a ser accesorios anecdóticos del camino. Y quienes simplemente con la mera compañía consiguen que la tormenta se despeje y se vuelva a ver la perspectiva completa y pueda seguir avanzando.
Así se va cribando la lista y regenerando el círculo vital. Así se aprende a apreciar los pequeños detalles que hacen de unos días de hastío unas horas inolvidables de júbilo.

sábado, 5 de marzo de 2016

La perspectiva, la distancia, el tiempo

No recuerdo haber escrito nada para ti. Tal vez lo hiciera, pero el fuego borró las pruebas.
No me di cuenta de cuanto marcaste mi vida hasta que no supe reunir fuerzas suficientes para asumir mi realidad...
Yo no lo sabía aún, pero fuiste el espejismo, el holograma, la copia virtual de un amor que nunca fue. No, a ti nunca te amé, pero cuánto tardé en entender que a ella sí... Me resultó tan sencillo sustituirla por ti... Te pensé, te soñé y a veces te imaginé...
Llegados a este punto tengo que disculparme, supieras o no, intuyeras o no... Estas cosas no deben guardarse, tanto menos si se alcanza una confianza como la que asumimos nosotras, al menos yo...
Ay! Si yo hubiera dicho en caliente todo lo que me pasaba por la cabeza... Me hiciste muy sencilla la transición, y te lo agradezco. Fue todo tan natural, tan como si nos conociéramos de siempre, tan sencillo, tan visceral... Te extraño, ahora que nuestros mundos son completamente distintos, te añoro. Otras piernas han ocupado mis manos, pero ningunas comparables a la suavidad de tus curvas, otras miradas me han guiñado y ocupado mis desvelos, pero ninguna tan sincera. Otras, hubo otras con y sin amor, pasión y locura, pero ninguna tan sencilla, ninguna que marcara, ninguna que me falte como tú.
Tú no lo sabes, ni yo lo entendía hasta no hace demasiado, pero me curaste la más profunda de las heridas que he sufrido. Fuiste, durante el tiempo necesario, mi 'bálsamo de fierabrás'. Más tarde tu camino y el mío tendieron a separarse, como es natural; pero el cariño y la gratitud que te guardo es eterna.
No necesito que me entiendas, pero es tiempo de poner todos mis asuntos al día y creo que te debo esta confesión.

martes, 23 de febrero de 2016

De nuevo, Asmodeo

Cada día está repleto de momentos fugaces que evocan una melodía, un himno, una canción, un poema...
Cada día entre una docena y cien sucesiones rítmicas de sonidos armónicos ambientan el camino. A veces son tan anecdóticas que las recordamos siempre, otras, sin embargo, fluyen libremente y tal cual llegaron se van...
Todos los momentos de mi vida tienen música, salvo los que tienen que ver con mi pequeña encarnación de Asmodeo. Allí no hay melodía ni armonía, solo una estruendosa sucesión de percusiones que me hacen caer en un obscuro trance donde mis pasiones más bajas se apoderan de mi conciencia. A veces me asusta la facilidad con que anula mi juicio. Me ofusca mi fragilidad. Quiero fortalecer mi espíritu y me aferro a la esperanza y mis convicciones, sin embargo no son suficiente para luchar contra los deseos que me inspira.
El reencuentro no tuvo nada que ver con lo previsto, de hecho no esperaba que hubiera un reencuentro y menos un día tan significativo, tal vez eso propiciara el ambiente amable y de comprensión. Pero también hizo que bajara la guardia y viejas sensaciones que consideraba enterradas volvieron a hacer mella en un espíritu descerrajado.
Cientos de imágenes de los mejores momentos pasaron por mi mente como un caleidoscopio, pero había una recurrente en la que no éramos protagonistas.
De repente volvían a mi, tanto las mejores sensaciones, como las más dolorosas, cada encuentro, cada instante, cada ocasión desperdiciada... Ya había pasado tiempo suficiente, las heridas habían cicatrizado, pero no podía apartar aquella pesadumbre nostálgica de mi. Mi instinto me empujaba a volver a intentarlo, aún a sabiendas de que aquel camino estaba cortado.
Su presencia me insta a vivir, arriesgar, apostar... Y esta vez todos mis receptores estaban alterados recibiendo señales favorables, aunque en el fondo creo que simplemente no soy la única que siente y sufre su poder. Cuando entra en escena, todo su alrededor recibe un halo rojo fuego, y sólo los más fuertes consiguen mantener el tipo.
Añoraba tanto esa sensación de poder, de egoísmo, de superioridad, de narcisismo... Echaba de menos a mi Asmodeo particular, un guiño, una sonrisa, un envite, confianza extrema sin sentido ni razón. Un extraño refuerzo de autoestima que me devuelve la fe en mis aptitudes, la soberbia necesaria, la lujuria, la gula sin pereza, ira ni envidia o avaricia. El lado oscuro que complementa la luz, la guerra necesaria para ansiar una paz, el vacío que se hace hueco entre la materia.

lunes, 8 de febrero de 2016

La fortuna de las relaciones interpersonales.

A veces no me doy cuenta de lo afortunada que he sido una y otra vez con las personas que se han ido cruzando en mi camino y se han quedado a compartirlo... Se dice pronto y fácil, pero no todo el mundo tiene la suerte de poder conservar relaciones de décadas, cuanto menos de las primeras décadas de vida.
Poder afirmar que tengo "amigos de toda la vida", y que sea literalmente cierto que son una pequeña pluralidad, es un privilegio al alcance de muy pocos. Por eso, a lo largo de mi vida he incurrido en el error de pensar que era sencillo lograr la confianza que cimenta ese tipo de relaciones. Ahora 25, 15, 7 años después sólo recordamos que siempre nos llevamos bien, pero no recordamos los detalles del camino que recorrimos para inspirar en el otro y en nosotros mismos esa fe que lleva al éxito de las relaciones.
Me doy cuenta que las personas cada vez son más desconfiadas, más celosas de lo suyo y "los suyos". Cada vez más egoístas, ya nadie antepone la felicidad del hermano en detrimento de la propia, la generosidad ha muerto, sin hablar de la desconfianza que lleva a algunos a una continua posición defensiva.
Los cumplidores del Undécimo Mandamiento sin temor ni reticencias han desaparecido, pero no podemos culparlos. La envidia, la soberbia y un injustificado sentimiento de inferioridad ha minado la personalidad de nuestros jóvenes hasta hacerlos tan dependientes de la imagen y el qué dirán que prefieren unirse a quien da bien en la foto, que a quienes les despiertan curiosidad e inquietudes.
Yo también me equivoqué con algunas personas, pequé de confiada, tal vez, pero no me arrepiento y volvería a hacerlo una y otra vez... Prefiero haber tenido el corazón roto y que alguien se ocupara de volver a recomponerlo que tener uno impenetrable y solitario, amargo... Una y mil veces volvería a los requiebros y zalamerías que aparentemente molestan a algunos. No lo siento, me niego a cambiar, me resisto a ser un ente impersonal más. Me opongo brutalmente a sospechar de cada sonrisa que me dedican, me resisto a considerar a los demás enemigos u oponentes, antagonistas en esta historia que acaba de empezar.
No, no pienso en cambiar el mundo, me bastaría con cambiar sólo mi entorno, que todos los que se crucen por mi vereda sean capaces de sonreír, confiar y amar como yo o como aquel loco llamado Jesucristo esperaba. Y no, no he dicho querer, he dicho AMAR porque hay una diferencia fundamental que se da por hecho pero que empiezo a dudar que todo el mundo la reconozca.
El querer lleva implícito el deseo de posesión, como se quiere un coche, una casa... No me refiero a eso, yo hablo de la satisfacción de ver cómo el otro consigue sus metas, el gozo de saberlo feliz y dichoso, la alegría de compartir aunque sea el dolor de una pérdida o una enfermedad. Me refiero a ese sentimiento que hace que las distancias no existan, ni el tiempo, sólo dos partes de un todo, algo que poco o nada tiene que ver con las necesidades de la carne. Algo demasiado perfecto para que nuestra limitada psique comprenda.

AMAR http://dle.rae.es/?id=2E4Cede
AMOR http://dle.rae.es/?id=2PGmlay
QUERER http://dle.rae.es/?id=UnvXEIb

viernes, 9 de octubre de 2015

Mar de dudas en la laguna de tus pensamientos.

Tengo tantas cosas que decirte. Me asaltan tantas ideas cuando tus brazos me rodean y deseo con todas mis fuerzas que el tiempo se detenga, que por una vez no sean los horarios quienes controlen nuestras vidas.
Tengo dudas, muchísimas dudas sobre todo, he aprendido a no creerme nada aunque parezca demostrado, tanto más en cuestiones de pasiones y psique. Sin embargo tengo una verdad absoluta, aunque digamos que circunstancial o momentánea, y es que el tiempo se volatiliza a tu lado. Los minutos se me escapan sin remedio y cada vez me molesta más tener que despedirme de ti. Y no, ya no pienso y sueño sólo con tu cuerpo, cada vez son más actos cotidianos los que sueño compartir, que el simple trayecto que une tu sofá con tu cama. A veces nos pienso recorriendo alguna de las infinitas rutas de secretos de Madrid, o simplemente despertando y compartiendo un desayuno juntos...
La otra tarde te lo dije, me has puesto muy difícil acercarme a ti y ahora no quiero separarme. Todo, salvo ese instante, carece de importancia cuando me miras a los ojos. Todo, salvo ese momento, pierde su sentido cuando me abrazas. Y velo mis cuitas tras sonrisas ligeramente sarcásticas porque estoy exactamente donde quiero estar, mas no tengo la menor idea de si tú piensas, siquiera, parecido. Entonces el temor me invade por estar volviendo a caer en la misma trampa que mis pasiones me tienden cada vez.
Necesito que me hables, necesito saber si recorremos un sendero aunque sea paralelo, si nos encontraremos de nuevo al final del camino o simplemente se trata de dos rutas trenzadas que se encontrarán una y otra vez, pero nunca terminan de unirse...
Ya lo ves, la falta de información me ahoga, pero en las escasas ocasiones que nos encontramos y contactamos todas las dudas se desvanecen, tus ojos me transportan al Edén y tus manos tienen la habilidad de borrar todos los pesares.

Y a pesar de todo, yo casi siempre callo, casi nunca te digo cuanto me gusta que tus ojos atraviesen mi alma, cuan dichosa me siento cuando por fin engañamos a nuestras agendas y juntamos tiempo para vernos. Siempre obvio todo el bien que me haces y espero que aún así lo asumas.
A veces el silencio se me atraganta y se convierte en una bola inmensa. Quiero gritar que te deseo, que te quiero, que siempre te he amado. Y me pides que te cuente todo lo que me pase y lo hablamos, lo q no sé si entiendes es que no quiero hablar, lo que quiero es que sientas siquiera una mínima parte de lo que tú me haces sentir. Quiero ser tu último pensamiento al acostarte, quiero que a ratos me extrañes, quiero que añores momentos que aún no han pasado, quiero que me envíes una mueca, porque algo te recordó una anécdota. Quiero que sonrías al despertar porque tal vez hoy nuestros trayectos se crucen, quiero que veas a otra gente y te acuerdes de mi, quiero que flirtees  con otras pero siempre vuelvas a mi pecho... Quiero que sonrías sin motivo, que te sientas satisfecho, que duermas tranquilo.