viernes, 28 de febrero de 2020

Mediadores crustáceos decápodos lunáticos

Sigo estupefacta y conmocionada a la par que maravillada y encantada.

A riesgo de resultar repetitiva y cansina, no puedo dejar de decir una vez más lo feliz que me hace sentirte tan cerca y en sintonía. La alegría que me invade cada vez que me permites navegar por esos ojos castaños, que callan tanto como cuentan, a quien se tome un instante para perderse en ellos. El placer sosegado de disfrutar de tu tacto, buscando siempre cualquier mínima porción de mi piel. La tranquilidad que me inspira sumergirme entre tus brazos, buscando el tamborileo de tu corazón. La sorpresa al notar la estupenda capacidad que tienes para adaptarte a mi postura y enredarte en mis piernas, cada vez que nos permitimos recostarnos. La diversión y orgullo de poder resolver tus dudas de juego. La confianza que me suscita escucharte compartir todo lo que te afecta y enoja.

Nunca he creído en la fortuna, creo que cada uno hace posible que las cosas sucedan. Sin embargo no puedo evitar pensar en la casualidad de encontrarte en mi camino.

Me gustas, pero lo que más disfruto es cómo me siento y quién soy caminando a tu lado. Me asombro a mi misma sintiendo una seguridad desconocida, de repente no busco ni espero aprobación, tampoco es algo que me preocupara en exceso, pero siempre he sentido la necesidad de encajar y adaptarme para hacerlo. Pero ahora todo eso me parece innecesario y fatuo, incluso hipócrita.

Hace apenas 100 días que te conozco y mi sensación es como si hubieras estado siempre, como si conocieras perfectamente cada paso que he dado, cada resbalón y cada tropiezo. Siento que no puedo mentir ni ocultar nada sin que te percates, además no quiero. Alguna vez te he dicho que te siento hogar, con todo lo que ello conlleva. 

Últimamente he recordado una "antigua" novela con la que aprendí a entender las relaciones interpersonales. La saga se llama Hijos de la Tierra, y cayó en mis manos en un momento incierto de mi primera juventud. No puedo evitar comparar "esto nuestro" con algunos de los pasajes de 《Jondalar y Ayla》. No siempre es todo perfecto, yo soy un magnífico caos, y muchas veces me surgen dudas, al fin y al cabo no estoy acostumbrada a que nadie me busque, siempre me he tenido que ganar los afectos a base de esfuerzo, paciencia y dedicación. Pero desde que te cruzaste y te hiciste ver, todo lo aprendido me parece ridículo e inútil, tú haces que todo sea sencillo, natural, cómodo...

En 2 meses hemos logrado (para mí) un nivel de compenetración y confianza que jamás había alcanzado con nadie y que con los que podría intentar comparar, he necesitado varios lustros. Y no, no espero que sientas lo que yo, ni parecido; pero sé (a pesar de los momentos de dudas y paranoias) que también te pasan cosas, que de alguna forma que no entiendo y se escapa a mi control, has encontrado cierta seguridad y confianza en mí, que me llena de satisfacción y orgullo.

Te amo, desde el primer instante que reparé en tu existencia. Lo supe la primera vez que te vi fuera de nuestro círculo común, en cuanto tus ojos se clavaron en mi, y no fui capaz de mantener la mirada. Cuando cualquier mínimo roce provocaba un fuerte escalofrío que recorría mi anatomía desde el centro hasta cada extremidad, dejando a su paso todos los vellos de mi cuerpo erizados.

Recuerdo con ternura y cierto entusiasmo algunos instantes del principio. Cómo, a base de infinitas conversaciones distendidas y sin intención, se iban cuajando a fuego lento las sensaciones más profundas y los deseos más ocultos. Cómo, de repente, dejaba de verte como una compañera más, para sentir la necesidad de tenerte cerca y no sólo en el terreno de juego. Cómo empecé a esquivar tus ojos por miedo a que los míos no supieran guardar todos los secretos que albergaban. Recuerdo la incontrolable y violenta reacción de mi cuerpo cada vez que entrábamos en discreto contacto. El cosquilleo en la nuca cada vez que te ofrecía el brazo para asirte. El histérico golpeteo de un corazón desbocado cada vez que asumía que te iba a volver a ver (que aún hoy no puedo dominar).

No tengo ni idea de dónde lleva este camino que hemos decidido tomar, no sé qué metas hay que alcanzar, y por una vez no me importa en absoluto. Pero tengo claro que la verdadera recompensa es recorrerlo contigo.

Por todo eso, y mucho más que no sé dibujar con palabras, te agradezco cada instante de estos últimos 62 días. Cada insinuación de los 38 días anteriores, cada comentario inocente, cada gesto discreto, cada momento paciente. Te agradezco que no te escondieras, que no me evadieras y me privaras de la maravillosa oportunidad de conocerte. Agradezco la sinceridad y claridad con la que te has enfrentado siempre a mi. 

miércoles, 22 de enero de 2020

Los inescrutables caminos

La vida tiene sorpresas maravillosas reservadas para quienes son suficientemente valientes como para atreverse a acogerlas, vivirlas y disfrutarlas. 

Aún no hace un mes desde que permití que mis pasiones vencieran, una vez más, a mis códigos conscientes; y no recuerdo haberme sentido nunca tan liberada, tan realizada y tan feliz. 
La experiencia me obliga a pensar que es una situación pasajera; que tal como llegó a mi vida, antes o después, se fugará. Pero antes de que se esfume, pienso disfrutar cada instante de este regalo como si fuera el último. Experiencias pasadas, también me enseñaron que las oportunidades no se presentan infinitamente, así pues, hay que atraparlas al vuelo y disfrutarlas mientras sea posible.

Desde que llegó, despertó en mi una incontrolable curiosidad, dejando pequeñas pistas de su cotidianidad y de su perfil, todo envuelto en un halo de ligero misterio que consiguió captar mi atención. Los días pasaban ligeros, los minutos, fugaces tras los entrenamientos, intentábamos llenarlos de teoría, leyes, táctica, dinámica de juego... pero de alguna manera también se llenaban de miradas cómplices, de comentarios inofensivos cargados de intención y de una familiar sensación de confianza que nunca había sentido con desconocidos...

Antes de poder asimilar lo que estaba ocurriendo, mi instinto se encargó de sacudirme y abofetearme varias veces para hacerme despertar del asombro en el que me había anclado. Apenas hacía un mes que había aparecido en mi camino, pero me pasaban cosas tan fuertes que no podía ignorarlas. Intenté apartar esos instintos dejando espacio suficiente sin que resultara excesivamente llamativo, pero realmente no quería alejarme. Esperaba atenta cada tarde sus mensajes con dudas de juego, de reglamento, de equipamiento... aguantaba cada noche hasta entrada la madrugada hablando de rugby y de la vida. 
De repente me descubrí contándole a alguien que no conocía de nada todo lo que me duele, lo que me asusta, lo que añoro... Le había presentado casi todos mis fantasmas a "Nadie". En apenas veinticinco días había conseguido desarmarme por completo, sin querer, sin intención, sin pretensiones...

Cuando algo así le pasa a alguien como yo, no puedes ignorarlo y seguir viviendo. Por muy joviales y divertidos que nos mostremos, no es más que la máscara de payaso tras la que escondemos el dolor de las heridas infectadas que nunca cicatrizan, de los quistes que no terminan nunca de reventar, y de las cicatrices que nos atormentan a diario recordándonos los errores del camino. Sin embargo, por una vez, había vomitado todo el dolor sin que nadie se interesara, simplemente lo dejé salir sin pensar en si el interlocutor estaba interesado o era digno de conocer mis debilidades. Simplemente fluyó... y me dejé fluir.

Las normas aceptadas me habían convencido de que hay que constreñirse para encajar en el modelo. A mí, que me he pasado toda la vida luchando contra etiquetas, estereotipos, normas sociales... defendiendo radicalmente que la única norma lógica para la convivencia es el respeto. Yo había caído en las redes de "la normalidad" y estandarización. 

Una noche cualquiera, no pude sujetar más la necesidad de hundirme en su cuello a descubrir su olor, a probar la suavidad de su piel y a descubrir la urgencia de sus labios. "El Salem Rock" fue cómplice, una vez más, de mis aventuras. Siempre discreto, siempre acogedor, siempre dispuesto. A partir de ese momento no he sabido desembarazarme de la necesidad de fundirnos en un abrazo, de sumergirme en la profundidad de sus ojos castaños, de enlazar nuestras manos, de acariciar cada milímetro de su piel y besar cada rincón de su existencia.

Cuando está conmigo siento la seguridad, tranquilidad y confianza del hogar. Cuando no está, el recuerdo: de su olor, de la firmeza de sus abrazos y de la determinación de sus besos; inunda mi imaginación y mis sensaciones obligándome a sonreír abiertamente.

Me encanta esa manera que tiene de pasar instantáneamente de una conversación profunda y trascendental a las leyes de la World Rugby; de un momento tranquilo contra mi hombro, a la mayor urgencia pasional; de una charla distendida y vacua, a la concentración absoluta en un tema que le interesa...

No puedo explicar cómo, ni por qué, pero en menos semanas de las que se pueden contar con una mano, y con no demasiado tiempo de encuentro, ha ido ocupando mi órbita convirtiéndose en un satélite principal. Sigo conmocionada con la rapidez y violencia con la que ha ocurrido y sin embargo no puedo negar la alegría de haber sabido cazar la oportunidad. Puede que desemboque en desastre, o no. Puede que sea algo efímero, pasajero y anecdótico, o no. Puede, que como en las películas malas, mañana despierte y todo haya sido un sueño, o no. Lo que está claro es que sea como fuere, voy a vivirlo y disfrutarlo mientras pueda, porque por una vez no lo he provocado, me ha llegado y quiero descubrir todo lo que guarda.

martes, 31 de diciembre de 2019

Normas pisoteadas.

1. Nunca busques líos en zona de trabajo.
2. Nunca te enganches a un sanitario que te trata o podría tratarte.
3. Nunca mires de más a un mentorizado, sé profesional. 
4. Intenta mantener las relaciones románticas de una en una.

Toda una vida intentando poner límites a unas pasiones desbocadas. Creyendo que si te ajustas a los límites que tú mismo te propones, conseguirás encajar en los estándares sociales establecidos. 
Toda una vida intentando engañarte con vagas creencias para evitar conflictos internos, pero sobre todo para proteger al resto del huracán que puedes llegar a ser.
Sin embargo un día, todo se pone patas arriba y descubres que tus normas no se pueden cumplir siempre. Que por mucho que te esfuerces no puedes dejar de sentir.
Ocurre algo, aparece alguien, y lo ves. Te intentas autoconvencer de que es una sensación sobre venida de curiosidades antiguas no satisfechas. Que es algo momentáneo, intenso, pero pasajero. Que si te centras en obviarlo, todo pasará y quedará en una mera anécdota más del camino.
Pero cada instante que pasa te sientes más incapaz de controlarte, las oleadas de deseo cada vez son más fuertes, intentas mantenerlas al margen intentando hacer fuerte a la razón; pero no puedes dejar de notar esa conexión. 
El conflicto interior comienza a convertirse en un bucle, un helicoide sin fin desesperante que no deja de girar y clavarse cada vez más y más profundamente. 

Un día, sin más, mantienes una profunda charla contigo y llegas al acuerdo de relajarte y dejarte fluir porque, si no, volverás a sumergirte en el abismo de desdicha y vacío que has temido siempre. A pesar de correr el riesgo de hacer daño a quienes han creado un paraíso de confianza y tranquilidad para ti.
Permites que esa nueva aparición participe, que entre en ti. Quieres ver la imagen real de esa proyección que has podido ver desde el otro lado de la barrera. Necesitas averiguar qué hay de realidad en las sensaciones, en los sentimientos y en las ilusiones. Deseas vivir lo que sea que tenga que ocurrir, sentir y disfrutar cada segundo de ese nuevo viaje trepidante al interior de tus pasiones. 
No obstante, te niegas a abandonar y rechazar todo el entorno bonito construido a tu alrededor. No es sencillo conseguir espacios en los que sentirse completamente a salvo. Entonces de nuevo se despiertan miedos irracionales por el rechazo que podría darse, cuando quienes más te importan pudieran no aceptar la nueva situación planteada. Pero ya no puedes parar, has comenzado un nuevo camino sin retorno, tienes que seguir adelante porque por una vez eres protagonista y a pesar de que pueda ser la peor idea, has decidido defenderla al 100%, porque es lo que necesitas y deseas.

La única forma de hacer que los que te importan sean felices es a través de la confianza, la sinceridad y el respeto, hacia ellos y hacia ti. Si intentas ocultar lo que piensas y sientes por miedo a herir, esa tensión se convertirá en un arma de destrucción masiva siempre a punto de explotar. Sin embargo, si vas de cara y expones la situación tal cómo se da, aunque no sea totalmente comprensible, los que te aprecian aceptarán tus excentricidades; porque en definitiva, son las que te definen y hacen único, singular y especial.

Cuatro normas han sido violadas, y lejos de sentir arrepentimiento y pesadumbre, siento la mayor comunión conmigo y con mis pasiones de toda mi vida. 

viernes, 23 de agosto de 2019

AHORA tuya

Hola mi amor,

Espero que sepas perdonarme por no dejarte dormir cuanto quisieras cuando estás conmigo; por hacerte caminar sin sentido, sólo por el mero hecho de pasear; por mis manías, vaivenes de humor e insufrible altivez; por hacerte perder fines de semana completos para acompañarme en mis caprichos.

Quiero agradecerte cada instante que has encontrado para pensar en mí, cada momento que has querido compartir conmigo, cada ahora que me has regalado, todos y cada uno de los segundos que le has robado a tu vida para llenar la mía de alegría, cariño, sosiego, energía y esperanza.

Si alguna dimensión ha sido y es protagonista en esta historia, siempre ha sido el tiempo. (Perdona si soy reiterativa, pero sigo pensando que es el bien más valioso que posee cada ser.) Es un bien finito, una vez fugado no podemos volver a recuperarlo. Sólo uno mismo tiene el poder y la capacidad de decidir cómo y con quién pasar cada cuando.
Yo, en un duro acto egoísta, reclamé con dureza la parte que creía que me correspondía. Tú, en un claro acto altruista has ido pagando una deuda, a todas luces injusta, con diligencia y aparente entusiasmo.

Alguna vez te he oído decir que te complemento. Sin embargo, yo creeo que me equilibras. De repente, le he perdido el miedo al fracaso, me siento más segura y capaz de conseguir cualquier locura que me proponga emprender. La angustia, la desazón y el temor a lo desconocido han desaparecido prácticamente por completo de mi vida y tú eres responsable de ello en gran medida.

Por eso y una infinidad de cosas más que no sé decir con palabras te entrego esta bagatela. Símbolo de los últimos 12 meses en particular, y de los que faltan por llegar. Porque mi tiempo es tuyo, como tuya es mi dicha y todo cuanto soy.

Te amo. Te quiero como no recuerdo haber querido a nadie. Te quiero contento, te quiero tranquilo, te quiero feliz, te quiero seguro, te quiero fuerte. Y te quiero a mi lado.

AHORA tuya.

jueves, 14 de febrero de 2019

2019 02 14

《No es porque sea 14 de febrero, o tal vez sí. No es porque esté enamorada, o tal vez sí. No es porque te deba nada, o tal vez sí. La cuestión es que no me canso de decirte una y otra vez, que te agradezco que me hayas salvado innumerables veces del abismo de mis pasiones. Hay quienes insisten en que estoy perdiendo tiempo y oportunidades concentrando todos mis esfuerzos en esto, lo que no saben es que <esto> es lo único que ha sido verdadero y sincero en toda mi vida. En <esto> no hay máscaras, no hay apariencias, solo tú y yo para nosotros. Siempre hemos sabido que no era nada, y sin embargo lo era TODO. Nunca nos prometimos nada y sin embargo aquí estamos.
No, no será este el típico texto de amor eterno, prefiero que sea nuestro <esto de momento>.
Porque ya estoy grande para enormes palabras vacías de intención y me encantan las pequeñas intenciones carentes de palabras. Porque no necesito explicaciones y nunca las reclamé; y me basta con descubrirme en tus ojos, en tus manos y tus labios cada vez que el caprichoso destino nos une. Porque no lloraré cuando te vayas pero te extrañaré cuando te deje. Porque el tiempo es el mejor regalo que nadie puede hacer y el tuyo casi siempre es para mí.
Gracias por quedarte, gracias por estar, gracias por ser. 》

Hoy hace 2 años que proponía ese 《esto de momento》y no me arrepiento. Suscribo cada una de las palabras de aquel día aunque, ahora ya, sí haya hecho reclamaciones.
He perdido la noción del tiempo, ya no sé cuándo dije: <ese hombre es para mi>, pero sí puedo asegurar que no ha habido más varón en mi vida desde ese momento.
No te engaño, entre idas y venidas hubo una persona que hizo temblar los cimientos de toda la ética y moral sobre la que me había construido. La amé, sólo Dios sabe cuanto. Tanto que dudé de mi, de ti y de todo lo que había querido erigir. Por un momento olvidé que seguías por ahí, la quise tanto que todo daba igual, amor loco, irracional, pasional y como todo lo que se cimenta en una aventura... efímero y fugaz.
Antes de que me diera cuenta se había ido. La escusa da igual. Me dejó con tantas dudas y tan desconcertada que también necesité tiempo para volver a ordenar los bloques. Demasiado tiempo, ese sí fue tiempo perdido recreándome en la perdida y el dolor del vacío que había creado.
Y sin esperarlo, ahí estabas tú, como siempre, ni demasiado lejos como para no encontrarte, ni suficientemente cerca como para tenerte. A ratos robados a esos horarios imposibles, una vez más, reconstruiste lo que otros habían derribado, con paciencia, y más cariño y respeto del que nadie está dispuesto a ofrecer.

No puedo prometer que nunca habrá nadie más que nuble mi entendimiento y me distraiga del camino. No sé qué tiene reservado para mi este viaje. Pero como me harté de decirle a ella, te lo digo a ti con mucha más razón, conciencia y esperanza. Yo sólo sé hacer esto del amor de una manera: de verdad y para siempre. Son palabras muy grandes, enormes y que también conllevan una gran responsbilidad.
A menudo te hablo del vértigo, y de veras que lo siento, pero es ese vértigo que produce esa sensación de cosquilleo en las entrañas, es un vértigo agradable, es un vértigo que quieres volver a sentir. Es ese vértigo que me daba cuando de chiquita me subían a la noria y desde lo más alto gritaba: 《¡¡¡Mamá, me da la muerte!!!》, y al bajar suplicaba poder volver a montar una penúltima vez.
Todo lo que no podemos controlar da un poco de vértigo, pero no por ello debemos dejarlo pasar. Muchas veces, tras probar, decidiremos que no necesitamos repetir; sin embargo, de momento, contigo siempre me parece poco.
Una vez más y como siempre, no espero que tú sientas lo mismo, ni siquiera que quieras compartir una réplica. Yo sólo quiero (necesito) aprovechar que parece que me prestas atención para entregarte lo que soy, lo que siento y el camino que me trae una y otra vez hasta ti. Necesito compartirme contigo porque es como mejor me disfruto. Necesito pensar que me conoces.

Buenos días y que tengas una feliz jornada.