viernes, 23 de agosto de 2019

AHORA tuya

Hola mi amor,

Espero que sepas perdonarme por no dejarte dormir cuanto quisieras cuando estás conmigo; por hacerte caminar sin sentido, sólo por el mero hecho de pasear; por mis manías, vaivenes de humor e insufrible altivez; por hacerte perder fines de semana completos para acompañarme en mis caprichos.

Quiero agradecerte cada instante que has encontrado para pensar en mí, cada momento que has querido compartir conmigo, cada ahora que me has regalado, todos y cada uno de los segundos que le has robado a tu vida para llenar la mía de alegría, cariño, sosiego, energía y esperanza.

Si alguna dimensión ha sido y es protagonista en esta historia, siempre ha sido el tiempo. (Perdona si soy reiterativa, pero sigo pensando que es el bien más valioso que posee cada ser.) Es un bien finito, una vez fugado no podemos volver a recuperarlo. Sólo uno mismo tiene el poder y la capacidad de decidir cómo y con quién pasar cada cuando.
Yo, en un duro acto egoísta, reclamé con dureza la parte que creía que me correspondía. Tú, en un claro acto altruista has ido pagando una deuda, a todas luces injusta, con diligencia y aparente entusiasmo.

Alguna vez te he oído decir que te complemento. Sin embargo, yo creeo que me equilibras. De repente, le he perdido el miedo al fracaso, me siento más segura y capaz de conseguir cualquier locura que me proponga emprender. La angustia, la desazón y el temor a lo desconocido han desaparecido prácticamente por completo de mi vida y tú eres responsable de ello en gran medida.

Por eso y una infinidad de cosas más que no sé decir con palabras te entrego esta bagatela. Símbolo de los últimos 12 meses en particular, y de los que faltan por llegar. Porque mi tiempo es tuyo, como tuya es mi dicha y todo cuanto soy.

Te amo. Te quiero como no recuerdo haber querido a nadie. Te quiero contento, te quiero tranquilo, te quiero feliz, te quiero seguro, te quiero fuerte. Y te quiero a mi lado.

AHORA tuya.

jueves, 14 de febrero de 2019

2019 02 14

《No es porque sea 14 de febrero, o tal vez sí. No es porque esté enamorada, o tal vez sí. No es porque te deba nada, o tal vez sí. La cuestión es que no me canso de decirte una y otra vez, que te agradezco que me hayas salvado innumerables veces del abismo de mis pasiones. Hay quienes insisten en que estoy perdiendo tiempo y oportunidades concentrando todos mis esfuerzos en esto, lo que no saben es que <esto> es lo único que ha sido verdadero y sincero en toda mi vida. En <esto> no hay máscaras, no hay apariencias, solo tú y yo para nosotros. Siempre hemos sabido que no era nada, y sin embargo lo era TODO. Nunca nos prometimos nada y sin embargo aquí estamos.
No, no será este el típico texto de amor eterno, prefiero que sea nuestro <esto de momento>.
Porque ya estoy grande para enormes palabras vacías de intención y me encantan las pequeñas intenciones carentes de palabras. Porque no necesito explicaciones y nunca las reclamé; y me basta con descubrirme en tus ojos, en tus manos y tus labios cada vez que el caprichoso destino nos une. Porque no lloraré cuando te vayas pero te extrañaré cuando te deje. Porque el tiempo es el mejor regalo que nadie puede hacer y el tuyo casi siempre es para mí.
Gracias por quedarte, gracias por estar, gracias por ser. 》

Hoy hace 2 años que proponía ese 《esto de momento》y no me arrepiento. Suscribo cada una de las palabras de aquel día aunque, ahora ya, sí haya hecho reclamaciones.
He perdido la noción del tiempo, ya no sé cuándo dije: <ese hombre es para mi>, pero sí puedo asegurar que no ha habido más varón en mi vida desde ese momento.
No te engaño, entre idas y venidas hubo una persona que hizo temblar los cimientos de toda la ética y moral sobre la que me había construido. La amé, sólo Dios sabe cuanto. Tanto que dudé de mi, de ti y de todo lo que había querido erigir. Por un momento olvidé que seguías por ahí, la quise tanto que todo daba igual, amor loco, irracional, pasional y como todo lo que se cimenta en una aventura... efímero y fugaz.
Antes de que me diera cuenta se había ido. La escusa da igual. Me dejó con tantas dudas y tan desconcertada que también necesité tiempo para volver a ordenar los bloques. Demasiado tiempo, ese sí fue tiempo perdido recreándome en la perdida y el dolor del vacío que había creado.
Y sin esperarlo, ahí estabas tú, como siempre, ni demasiado lejos como para no encontrarte, ni suficientemente cerca como para tenerte. A ratos robados a esos horarios imposibles, una vez más, reconstruiste lo que otros habían derribado, con paciencia, y más cariño y respeto del que nadie está dispuesto a ofrecer.

No puedo prometer que nunca habrá nadie más que nuble mi entendimiento y me distraiga del camino. No sé qué tiene reservado para mi este viaje. Pero como me harté de decirle a ella, te lo digo a ti con mucha más razón, conciencia y esperanza. Yo sólo sé hacer esto del amor de una manera: de verdad y para siempre. Son palabras muy grandes, enormes y que también conllevan una gran responsbilidad.
A menudo te hablo del vértigo, y de veras que lo siento, pero es ese vértigo que produce esa sensación de cosquilleo en las entrañas, es un vértigo agradable, es un vértigo que quieres volver a sentir. Es ese vértigo que me daba cuando de chiquita me subían a la noria y desde lo más alto gritaba: 《¡¡¡Mamá, me da la muerte!!!》, y al bajar suplicaba poder volver a montar una penúltima vez.
Todo lo que no podemos controlar da un poco de vértigo, pero no por ello debemos dejarlo pasar. Muchas veces, tras probar, decidiremos que no necesitamos repetir; sin embargo, de momento, contigo siempre me parece poco.
Una vez más y como siempre, no espero que tú sientas lo mismo, ni siquiera que quieras compartir una réplica. Yo sólo quiero (necesito) aprovechar que parece que me prestas atención para entregarte lo que soy, lo que siento y el camino que me trae una y otra vez hasta ti. Necesito compartirme contigo porque es como mejor me disfruto. Necesito pensar que me conoces.

Buenos días y que tengas una feliz jornada.

sábado, 9 de febrero de 2019

Redescubriéndome...

Hoy me he encontrado conmigo en el espejo mientras me desnudaba para irme a dormir. Hoy me he observado por primera vez en mucho tiempo y de repente me he descubierto deseándome...
No es un secreto que me excite un cuerpo naturalmente tonificado, no lo es tampoco que adore la anatomía femenina.
Entonces me he quedado observando ese cuerpo desnudo, ligeramente marcado, con sus "psicotrices", sus pellejos, sus flacideces, además de sus músculos esculpidos y sus redondeces. Lo he mirado durante algunos minutos escudriñando las formas y grietas. Y sin saber por qué se ha dibujado en mi mente tu imagen, semiincorporado en la cama observándome, como yo lo hacía a la imagen del espejo. Estudiando cada curva, cada borde, cada giro... Mirándome fijamente y sin decir nada, sólo disfrutando de las vistas.
La verdad, no tengo ni idea de si alguna vez me has mirado de veras, si has querido guardar alguna imagen ahí, en el fondo del cajón de las cosas importantes. Me da igual. Yo sí. Yo te veo, te miro y te observo cada día que se alinean los planetas y coincidimos. Te estudio con los ojos y con las manos. Te aprendo con los labios y con la lengua. Cuanto más me miraba, más clara era tu imagen en mi mente. Y me he dado cuenta de cuánto me deseo a través de ti. Porque he entendido que soy lo que quero ser, que tengo cuanto quiero tener y aunque parezca raro, todo eso me lo has devuelto tú.
Eres mi ancla y mi timón, mi sol y mi luna, mi pena y mi alegría. No conozco mejor manera de disfrutarme que contigo porque cuando no has estado, y lo he intentado, sólo he sentido frío, con otros sólo había vacío.
Ya sé que lo sabes, pero por si se te olvida te lo repito, TE AMO. Pero no te equivoques, no amo lo que eres, ni lo que tienes, ni lo que puedas o no hacer, amo lo que soy cuando estoy contigo. Amo la paz que me recorre el cuerpo, amo la confianza,  la fuerza y la pasión con que me enfrento a los retos si tú me ofreces tu aliento. Sin saber explicarlo, sin saber comprenderlo, lo único que entiendo es que TE QUIERO. Te quiero cerca y lejos, te quiero ahora y luego, te quiero fuera y dentro. Y GRACIAS es la única palabra que en todo esto tiene sentido.

lunes, 6 de agosto de 2018

Dueles más que curas

De repente, sin darte cuenta has dejado pasar una década conformandote con lo que había. No ha habido ningún cambio ni evolución, sigue siendo la misma historia una y otra vez, año tras año, cita tras cita siempre exclavos del tiempo y de tus circunstancias.
Me pediste que estudiara y lo hice, me pediste que progresara en mi carrera y lo hice, pero me pediste que fuera feliz y no, eso no lo puedo conceder, al menos no así.
Yo te pedí que durmieras, que te alimentaras bien, que descansaras, sin embargo no supiste o no quisiste organizar tu vida de manera que no te consumiera.
Tú simplemente me apoyabas y alentabas para que alcanzara mis metas, mientras que yo, sin querer, te instaba a que cambiaras tu forma de ser y de vivir.
Así ha pasado el tiempo y nuestra juventud, esperando a que cambiaras de tienda, a que terminara la carrera, a que tuvieras mejores turnos, a que consiguiera un trabajo... y sin embargo nada ha cambiado entre nosotros.
Siento cómo se me fugan los instantes entre los dedos, cómo se me escapa el tiempo como el humo, cómo, en una década, no he tenido ni una oportunidad de echarte de más. Ya no me vale un de momento, ni siquiera nuestro "eso" porque cada vez creo más firmemente que simplemente era mío, mi necesidad, mis ganas, mi voluntad, mi plan, mi energía.
Seguramente sea una visión harto egoísta, sin embargo, por más que intento empatizar contigo no consigo encontrar el punto en que "esto" tiene cabida y sentido en tu organigrama de vida. Por más que lo intento y lo pienso, no veo cómo ni dónde encajo yo y me duele haber sido un simple accesorio accidental.
Te he dado todo lo que soy a sabiendas que no lo querías, me entregué por voluntad propia y consciente de que tenías  muchas otras prioridades. Pero soñaba con, que a medida que la costumbre hiciera normal que me tuvieras, fuera subiendo en tu escala, sin embargo la ensoñación ya toca a su ocaso.
No he sabido hacerme el hueco que ansiaba, no he sabido hacerme necesaria, no he sabido conseguir que confiaras en mi, que te abrieras y me confiaras tus miedos más siniestros y ocultos. No he sabido ser el escape que necesitas, no he sabido ayudarte y esto me envenena.
No tan de repente me dueles más que me sanas, me he cansado de esperar un gesto, una señal que le de sentido a todo este camino. Ya no puedo, ni quiero, seguir esperando a que se alineen los planetas, esto tendría que ser más sencillo, más natural y espontáneo, sin embargo he pasado años planeando, calculando, pero sobre todo justificando y esperando. Te he querido y te quiero como no he querido a nadie y te he amado, Dios sabe cuánto te he amado; pero en esto también llega un instante que exige reciprocidad y realimentación (o feedback). Se me han agotado las ideas, se me ha secado la fuente de la imaginación, he acabado con todos mis recursos de seducción, ya no me queda nada por probar contigo, y lo que es peor, ya no me apetece seguir intentándolo.
Ahora con la perspectiva de alrededor de una década de infructuosos envites, no me arrepiento de nada, volvería a repetir cada paso; y sin embargo me cuesta encontrar las ganas de seguir intentándolo.

sábado, 14 de octubre de 2017

La clarividencia de la experiencia

Sigo buscando el momento perfecto para decirte todo lo que mis sonrisas callan, lo que mis suspiros ocultan y lo que mis lágrimas anhelan.
El momento en que la vida no nos supere, en que todo esté en equilibrio, en que podamos parar un segundo a pensar qué queremos cada uno, qué esperamos y qué significa esta aventura compartida.
Nos propusimos dejar que pasaran cosas, sin etiquetas, sin promesas ni esperanzas, pero el juego se me está complicando y ninguno nos merecemos más penas ni heridas.
No me importa aprender a cocinar, para ti, como lo haga tu madre, no me importa ordenar tu imposible trastero ni planchar, no me importa hacer limpieza 3 veces por semana, ni soportar la leve conjuntivitis que me provocan tus gatos; si todo eso se va a traducir en que todas las semanas me regales un pedacito de tu tiempo.
No puedo evitar tocarte cuando te tengo cerca, no puedo evitar desearte, no puedo evitar soñar con esa realidad alternativa en que todo esto es verdad. Que tú y yo simplemente seamos nosotros. Que queramos lo mismo, que esperemos lo mismo y que por fin nos conozcamos. Que distinga la preocupación y la pena en las arrugas de tu ceño, que sea capaz de dibujarte una sonrisa cuando todo parezca ponerse en contra.
Que no te importe mi sarcasmo como a mi me divierte el tuyo. Que aprenda cómo te gusta el café de la mañana y cual es tu plato favorito. Que sepa exactamente lo que necesitas cuando esquivas mis ojos para que no pueda leer en los tuyos.
Quiero ser para ti, quiero que confíes, creas y sientas si quiera una mínima parte de lo que lo hago yo. Quiero que te relajes, que dejes de luchar contra ti mismo, porque eso siempre es una batalla perdida.
Quiero que decidas lo que quieres y no te dejes vencer. Quiero ser tan complaciente como complacida. Quiero despertar a tu lado, quiero que tu aroma y tu tacto nunca se me olviden, quiero besar tus párpados para despertarte, quiero sentir la tranquilidad de tu aliento en mi cuello al acostarme. Quiero que quieras ser tan mío como yo quiero entregarme. 
En definitiva, quiero que esta última época sea verdad.
Quiero mi premio gordo, con todos sus extras, con sus fantasmas y sus gansadas, con su estrés diario y sus libranzas locas, con sus amigos, sus deberes y sus apetitos. Te quiero, pero lo quiero todo, las malas caras, los días insufribles, los compromisos ineludibles, las noches en vela, los días de sueño, los silencios vacíos, las semanas en blanco. Quiero compartir ducha, desayuno y tribulaciones. Quiero hacerte la cama y que la deshagamos juntos. Quiero sentir tu calor, tu tacto y tu aroma a diario. Quiero quererte como mereces, mimarte, cuidarte y amarte siempre que me lo permitas. Lo quiero todo y ya no quiero conformarme con menos.
Tengo claro en qué dirección quiero remar, pero necesito que estemos de acuerdo para continuar travesía o lanzarme a redescubrir el océano.